Cuando en mayo de 1979 se restituyen efectivamente las
Juntas Generales de Alava, es para la historia de la foralidad el
principio de un final: el final de una larga metamorfosis iniciada a
principios del XIX. Es también para ella el reencuentro con su pasado
para cerrarlo y abrirse al futuro. La foralidad, tal como señala en el
«Epílogo» el profesor Clavero, ha sido un entramado institucional y una
cultura de raigambre tradicional y representación comunitaria que ha
venido atravesando la contemporaneidad vasca y española —y la alavesa,
por tanto—, en un difícil diálogo con el nuevo constitucionalismo y
con la libertad individual (no en vano son culturas de origen y trayecto
muy variado en Europa: su nicho natural de desarrollo). También con la
cultura del nacionalismo romántico asentada en este país a fines del XIX
en versiones diversas (españolismo fuerista, nacionalismo vasco,
españolismo corporado). Pues bien, el tiempo que corresponde a este
capítulo, el tiempo actual, es el de la búsqueda y el encuentro
conflictivo entre esas cuatro tradiciones hasta producir cierta síntesis
que nunca antes se había dado. Naturalmente, la historia no tiene fin y
todo tiempo es de tránsito hacia otros nuevos. Pero sí que puede decirse
que en estos veinte años del final del siglo XX se cierra un ciclo
iniciado a principios del XIX con cierta integración característica de
las cuatro tradiciones.
Todo el siglo XIX, hasta 1876, fue un tiempo de
convivencia, paralela pero no integrada, de foralidad (Provincia) y
constitución. Una convivencia de desencuentros teóricos y reencuentros
prácticos a través de fórmulas administrativas tal como se ha descrito
en las páginas anteriores. Fue un tiempo de dificultades para la libertad
individual y la cultura democrática sólo entrevista en 1868 y en el que
aún estaba ausente la cultura del nacionalismo romántico. A finales del
XIX, adquirió fuerza el principio de libertad e irrumpió la nueva
cultura nacionalista en sus diferentes variantes. Aquel fue un tiempo
nuevo que aquí sólo se presentará sucintamente. La cultura
constitucional comenzó en Europa (en Alemania principalmente) a abrirse
al legado de la tradición para trasformarla, aunque la española siguiera
siendo ranciamente administrativista. En cuanto a la realidad foral,
privada de su representación concejil con el decaimiento de las Juntas
Generales —disueltas, que no abolidas, en Alava en noviembre de 1877—,
permaneció no sólo como cultura arraigada sino también como realidad
institucional a través de unas particulares Diputaciones Provinciales con
funciones forales, del poderoso Concierto Económico y de la
excepcionalización de la normativa de modo que consintiera una autonomía
administrativa en temas municipales, hacendísticos, etc. (amén de algún
intento de reposición de las Juntas Generales que luego comentaré). Sin
embargo, el impacto de las resoluciones canovistas de la posguerra
carlista, y la aparición de un fuerismo radical y del nuevo nacionalismo,
hizo que en el imaginario colectivo arraigara la idea de pérdida
drástica de los fueros en 1876 (se ha hablado en alguna ocasión
indebidamente del "túnel foral", del se habría salido en
¡1958!).
1931 fue un momento capital para las cuatro culturas
que nos ocupan. La Constitución republicana de ese año bebía del
constitucionalismo evolucionado de Weimar (Alemania), más sensible a las
realidades históricas y a la representación comunitaria que el francés.
También la cultura de las libertades personales tenía su oportunidad.
Por su parte, la foralidad permanecía con unos Conciertos confirmados —aunque
con unas Diputaciones cuestionadas— y el nacionalismo, tras alguna
aventura ultracatólica con el carlismo, daba forma institucional a sus
propuestas a través del Estatuto de Autonomía (que integraba también la
tradición foral). Sin embargo, 1936 cortó éste como cortó tantos otros
proyectos colectivos y personales. Una cultura política autoritaria y
corporativa nacida a principios de siglo se apoderaría en poco tiempo de
toda Europa (II Guerra Mundial). La guerra civil española fue
catastrófica en éste como en otros aspectos, retrasando y viciando todo
el proceso que se comenta aquí. 1945 fue año de liberación para Europa.
Pero no para España o Portugal. Aquí permaneció, transformado, hasta
1975 el autoritarismo corporativo nacido en los treinta.
Los años del franquismo fueron buenos para el
nacionalismo autoritario español. Pero para nadie más. Las libertades
decayeron, el constitucionalismo también. El nacionalismo vasco era
incompatible con el nacionalismo español en el marco de la dictadura.
Todas ellas permanecieron, pero lo hicieron como culturas soterradas y sin
ninguna presencia institucional. No así la foralidad. La idea foral
permaneció como cultura consentida (resulta reveladora, por ejemplo, la
polémica habida a causa de la electrificación y desdoblamiento de la
vía férrea Madrid/París entre Vitoria y la frontera en 1950-1951, en la
que los periódicos alaveses emplearon públicamente toda la
argumentación foral en un tiempo en que la censura de prensa era previa y
estricta). Y permaneció también como institución en Alava y Navarra (no
así, como se sabe, en Guipúzcoa y Vizcaya a causa del Decreto
penalizador de 1937). Las Diputaciones pasaron pronto a denominarse
Diputaciones Forales y Provinciales con la misma estructura administrativa
y el nivel de equipamiento que habían tenido antes. Se confirmaba,
además el Concierto para Alava y el Convenio para Navarra. Cierto que
fueron derogadas en Vizcaya y Guipúzcoa. Pero fue antes una represalia de
guerra que una incompatibilidad de principio. Por lo demás, como ha sido
ya analizado en otros trabajos, la foralidad (Diputaciones, leyes de fuero
civil, Concierto y algún amago de recreación de Juntas Generales, a lo
que luego me referiré con brevedad) tuvo un cierto desarrollo durante el
franquismo. Claro que, teniendo las Diputación mucho de representación
corporada del territorio (no en vano fue una de las promotoras del
vertiginoso despegue industrial de Alava en los cincuenta y sesenta),
perviviendo la foralidad, durante aquellos años oscuros de la dictadura
resultó radicalmente incompatible con la libertad y la democracia, y con
cualquier otro nacionalismo que no fuera el español.
Todo esto cambió con la crisis del régimen y las
esperanzas que surgieron a partir de la Ley de Reforma de 1976, las
elecciones generales de 1977 y la Constitución de 1978. Todo cambió con
lo que se ha dado en llamar Transición y que no fue otra cosa que una
transformación radical y pacífica de la que surgió una sociedad en
libertad y un régimen de parlamentarismo democrático homologable a los
otros de la Europa occidental. De nuevo las cuatro tradiciones a las que
se viene haciendo referencia aquí, podían encontrase y dialogar en busca
de fórmulas institucionales integradoras. Naturalmente, el tiempo era
nuevo. Europa había iniciado un proceso de convergencia que poco a poco
iría afectando a todo el proceso que se estaba dando en Alava —y en el
País Vasco en general—. El constitucionalismo, ahora sí, , era menos
horizontal y mucho más permeable a otras tradiciones jurídicas como eran
las históricas del foralismo. Las libertades individuales no podían ya
cuestionarse, y cualquier forma de parlamentarismo debía ser democrático
en un momento en que faltaba poco para que irrumpiera también en la
sociedad española y alavesa la idea de la democracia mediática con la
presencia masiva de las nuevas tecnologías de comunicación telemática;
en un tiempo de soberanías limitadas y compartidas.
El periodo que va de 1975 (muerte de Franco, Ley de
Reforma Política y Decreto de comisiones de estudio para el
restablecimiento foral) a 1979 (primeras Juntas Generales de la democracia
y referéndum del Estatuto de Autonomía) fue decisivo para una primera
configuración de aquel encuentro en la España constitucional, en la
Euskadi autónoma y en la Provincia, como "siempre", foral.
1.- Las Juntas Generales en el siglo XX. La génesis de
unas Juntas representativas de 1977 a 1979
He dicho ya que la cultura foral permaneció vigente
después de 1876 y durante todo el siglo XX (sin interrupción en el caso
alavés; aunque sí con notables variaciones) apoyada en un potente
entramado institucional. Sin embargo, sí que desaparecieron las
instituciones que nos interesan aquí. Las Juntas Generales, como
agrupación municipal, se reunieron por última vez en noviembre de 1877
para ser disueltas por el gobernador civil por su
"intransigencia" ante las propuestas del gobierno de Cánovas.
Sus competencias las asumieron unas Diputaciones Provinciales interinas
que en poco tiempo pasaron a ser elegidas por sufragio individual y
directo, y, desde 1890 por sufragio universal. La memoria de las Juntas,
ya expulsadas del ordenamiento legal que regulaba las nuevas Diputaciones
Provinciales, sin embargo, no desapareció como es sabido. Ya en 1885 la
Diputación vizcaína elaboró varios proyectos para recuperar todo el
entramado foral, incluidas las Juntas Generales, coincidiendo con la
negociación de la Ley del Concierto de 1886 y 1887. Posteriormente hubo
otras fórmulas variadas, siempre a modo de tentativa, que pasaban por la
recuperación de las Juntas en las provincias vascas. Las iniciativas
resultaron en ocasiones institucionales y a veces partidarias, en alguna
ocasión promovida por fueristas, en otras por algún republicano o
también por el nacionalismo vasco, como ocurrió con la propuesta de
Estatuto elaborado en 1917. El mismo Indalecio Prieto, movido por la
tradición municipalista del progresismo decimonónico, luego heredado por
el socialismo bilbaíno, tuvo alguna iniciativa en esa dirección con la
intención de fiscalizar a unas Diputaciones "todopoderosas".
El único lugar, que hoy sepamos, en el se materializó
una cierta versión de lo que fueron las Juntas a principios del XX fue en
Alava (ver los trabajos de los profesor Arana; Navarra es otro caso; allí
se mantuvo un Consejo Foral). Entre 1909 y 1920 se reunieron anualmente
unas Juntas de Hermandad de los Procuradores de Alava con
representación municipal que, careciendo de las funciones de las antiguas
Juntas forales, sí ejercieron sin embargo una cierta función consultiva
y de control. Habían surgido a iniciativa de los republicanos vitorianos,
aunque estos se vieron pronto defraudados por su funcionamiento real. En
efecto, no fueron muy operativas pues sus repetidas demandas de una mayor
autonomía para los ayuntamientos fueron sistemáticamente desoídas.
Desaparecieron en 1922. Y, aunque de elaboró bajo la Dictadura de Primo
un nuevo Reglamento para ellas (1927), no volvieron a reunirse.
Esa cultura perduró y fue adoptada por el franquismo a
través del carlismo y otras culturas del régimen. El primer franquismo
hizo "firmes" votos a favor de la foralidad en su versión más
arcaica, autoritaria y paternalista (representación oligárquica y
corporada del territorio, anulando, por lo demás, a sus reivindicados
municipios y a la ciudadanía en general). Aquella propuesta, aparte de lo
ya referido sobre las Diputaciones Forales y Provinciales, etc., se
materializó el 19 de mayo de 1958 con la aprobación por parte de la
Diputación de una moción que rezaba:
«Al amparo de las vivas y viejas costumbres, la
Diputación Foral de Alava celebra una fiesta conmemorativa de las JJGG en
los meses de Mayo [en el patrocinio de San Prudencio, en Tierras Esparsas]
y Noviembre [en patrocinio de la Virgen Inmaculada o Santa Catalina, en
Vitoria] de cada año».
Todo ello se hacía a mayor gloria del Generalísimo
que en la Sesión de las Cortes de ese año había animado a «hacer
resurgir nuestras tradiciones, viejos usos y costumbres».
«Se trata … —se dice en la memoria— de que en
determinados momentos nuestra diputación Foral se ponga en contacto con
las más significativas representaciones de los pueblos de la Provincia, a
fin de, con toda solemnidad, conocer sus problemas, …». A ella acudían
autoridades provinciales y representaciones de una serie de pueblos,
elegidos «con toda libertad entre las personas que por su edad,
sabiduría, cariño a nuestras Instituciones y méritos personales y de
toda índole, se considere oportuno» (en total 38 municipios de los 78 de
la provincia).
La primera de aquellas reuniones se celebró en
Respaldiza, cabeza del Valle de Ayala, y, la de noviembre, en Vitoria.
Aquellas Juntas Conmemorativas —pues así se llamaban—
cubrieron esa función paternalista de redistribución de cierto poder
entre algunas redes de clientela y entre los notables locales (tratando
asuntos diversos de interés local, siempre a título consultivo), aparte
de lo que implicaba de legitimación del régimen a través de una
representación ritual de una vieja tradición arraigada en la zona. Ese
fue el momento en que más alejada estuvo la tradición foral de las otras
tradiciones del constitucionalismo, la libertad individual y la cultura
del nacionalismo vasco.
Todo aquello quebró, como he dicho, con la crisis del
régimen de Franco tras su muerte en 1975. En las Juntas Conmemorativas
del 26 de junio de 1977, celebradas en Oyón, ya se decía:
«que las Juntas se transformen para dar paso a unas
nuevas más democráticas, más representativas, con más poderes
políticos».
Ese mismo año, en Ribabellosa, se declararían
"suspendidas" hasta la aparición de una nueva legislación
sobre ellas.
Ya se tenía conciencia de la necesidad de una reforma
radical, aunque todavía no se conocía la dirección que adoptaría
ésta. Todo esto vino a concretarse en ese intervalo entre 1977 y 1979.
1.1- Génesis de unas Juntas representativas, 1977/1979
El primer paso hacia la reposición de unas Juntas
Generales se dio en noviembre de 1975, con Franco agonizante. El 7 de
noviembre se emitía un Decreto creando comisiones para un posible
restablecimiento de las Juntas de Vizcaya y Guipúzcoa según el modelo
alavés de 1958 (materializada en el Decreto-Ley de 4 de marzo de 1977).
Por su parte, el Decreto del 2 de junio de ese año intentaba reformar las
Juntas Conmemorativas de Alava como órganos de representación
municipalista. Eran los tiempos de Suárez y los jóvenes reformistas del
régimen que ya habían creado la UCD con la que se presentaban a las
elecciones el 15 de ese mismo mes. Puestos ante la disyuntiva de tener que
diseñar un modelo de organización territorial, trataban de anular el
modelo autonómico que masivamente defendía en ese momento la oposición,
contraponiéndole un modelo foral reformado a partir del existente en el
viejo régimen. Como ha observado Santiago de Pablo, el Ministro del
Interior Martín Villa trabajó intensamente en esa dirección durante la
primavera de 1977.
Sin embargo, ya venía desarrollándose desde tiempo
atrás un proyecto vasquista para Alava con acento foral y alavés que se
expresaba públicamente en 1976 en el ciclo de conferencias "Alava
en el contexto vasco", celebrada por los llamados
"Mateos" (en memoria de Mateo de Moraza) en el Palacio
Escoriaza-Esquíbel (José Manuel López de Juan-Abad, Juan Mª Ollora,
Patxi Ormazábal, Armando Llanos, etc.) con cierto respaldo de la vieja
Diputación. Desde el Ayuntamiento de Vitoria, un grupo de concejales
(José Angel Cuerda, Mª Jesús Aguirre, Merche Villacián y Vidal
Sucunza, todos ellos junteros con la democracia) apoyaban aquella
corriente a través de su participación en el "grupo de
alcaldes" impulsores de un Estatuto de Autonomía para el País
Vasco.
Celebradas las elecciones el 15 de junio de 1977, el
movimiento se articuló a partir del compromiso autonómico alcanzado
entre PNV, PSOE, ESEI, ANV, PCE y Democracia Cristiana Vasca (al que más
adelante se sumó Euskadiko Ezkerra) que pretendía alcanzar la autonomía
para el País Vasco a través de un proceso constituyente por el que se
obtuvieran mayores niveles de libertad, y contemplara en el horizonte la
experiencia obtenida de la tradición foral. Las cuatro culturas, de las
que se ha hablado en el apartado introductorio, buscaban converger sin que
todavía hubieran dado con una fórmula concreta (y cuya materialización
dio, como veremos, no pocos quebraderos de cabeza). El 19 de junio se
constituía en Guernica la Asamblea de Parlamentarios Vascos, integrada
por diputados y senadores de Alava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra, con el
fin de configurar un órgano preautonómico e ir elaborando un estatuto de
autonomía.
Aquel movimiento —al que inicialmente no se
incorporó ningún parlamentario de UCD— tuvo la virtualidad de abortar
en su misma gestación la operación de los reformistas del régimen
conducente a una modificación de las Juntas Generales de corte
corporativo y no representativo, tal como se había diseñado en los
Decretos de 1977.
En lo que toca a Alava, la situación era ambigua.
Navarra quedó fuera ya en las primeras negociaciones dado que sus
parlamentarios, pertenecientes en sus dos terceras partes a UCD, así lo
decidieron (quedando ya entonces establecida la fórmula del referéndum
para una posible incorporación de Navarra a lo que iba a ser la Comunidad
Autónoma del País Vasco, CAPV). La situación alavesa era complicada. A
la reunión de la Asamblea de junio no acudieron los tres parlamentarios
de UCD, y sí, por el contrario, los dos diputados y tres senadores
pertenecientes al "Frente Autonómico" (limitado sólo al
Senado). A pesar de la campaña particularista (al amparo del fuero) que
se promovió en la provincia, finalmente los parlamentarios alaveses de
UCD decidieron incorporarse el 21 de julio de aquel año a la Asamblea y
suscribir el compromiso autonómico con los demás partidos. Pero
asegurando ya en ese momento que lo hacían «dentro del respeto a las
peculiaridades de las regiones históricas». Aparecía ya un amago de
alavesismo de raíz foralista que marcaría buena parte de la primera
época de la vida jurídico-política de Alava en el periodo siguiente (y
la marcaría más adelante como cultura política).
Por Decreto de 4 de enero de 1978 se estableció en el
País Vasco el régimen preautonómico y se constituyó el Consejo General
del País Vasco (CGPV) con la misma composición que la Asamblea tanto en
términos políticos como en términos de territorialidad. A partir de esa
fecha, se iniciaron los trabajos para la redacción y negociación de un
Estatuto para el País Vasco. Fue entonces, establecida la exclusión
definitiva de Navarra, cuando el senador independiente por Alava del
Frente Autonómico, Ramón Bajo, expresó su inquietud ante una comunidad
que se organizara unitariamente y que hiciera dejación del legado foral,
tan arraigado en Alava. Según Ramón Bajo, la mención de la peculiaridad
navarra —mientras nada se decía de la alavesa— ponía en peligro el
régimen privativo de la provincia. Como luego harían otros, contraponía
una idea confederal de la CAPV a una idea nacional unitaria (con
instituciones únicas, etc., que defendían especialmente Euskadiko
Ezkerra y también algunos sectores del PNV), y se erigía en defensor del
Concierto alavés y su régimen privativo. Aquella contestación desde el
interior del propio Frente Autonómico espoleó las objeciones
antiautonómicas de UCD de corte foral y cierto alavesismo sociológico.
De aquel debate estatutario en plena discusión del proyecto
constitucional —en el que, por lo demás, el PNV había defendido sus
posiciones de autonomía soberanista sobre una argumentación foralista y
de la que se derivó su enmienda foral y la Adicional Primera de la
Constitución de 1978 que «ampara y respeta los derechos históricos
de los territorios forales»—, de aquel debate, digo, resultó que
se hiciera una apelación expresa a la defensa al régimen privativo
alavés y se considerara la igualdad de trato institucional de las tres
provincias vascas (se adujo que de ese modo se facilitaba la inclusión de
Navarra, algo que entonces se estimaba posible y deseable desde dentro de
la que sería CAPV).
Lo cierto es que, si bien hacia 1978 inevitablemente se
había afirmado ya una nueva cultura constitucional y ésta se había
establecido sobre un sólido sentimiento de libertad (de ahí el fracaso
del proyecto foral disminuido de UCD), el fuerismo entraba ahora en
colisión con un nacionalismo vasco más compacto y con una visión
unitaria de lo que estimaban era la nación vasca, Euskadi. Este conflicto
que presidió toda la fase constitutiva del entramado estatutario y foral,
afectó en diverso grado al constitucionalismo vigente, al régimen de
libertades individuales y a la articulación de la democracia en aquella
estructura institucional.
Ese va a ser el eje de la historia de las Juntas entre
1979, fecha en la que se fijó por Decreto su reposición (RD 122, 123 y
124/1979 de 26 de enero), y mediados de los noventa en que se aprobó
definitivamente la Norma Foral sobre Organización, Funcionamiento y
Régimen Jurídico de la Diputación Foral de Alava (18 diciembre 1992),
se establecieron las leyes quinquenales sobre Aportaciones y se fijaron
los acuerdos interinstitucionales entre el Gobierno Vasco y las tres
Diputaciones Forales en diversas áreas. Con todo ello quedaba dibujado el
mapa institucional en el País Vasco y en Alava. Este fue el eje en torno
al que se articularon los primeros debates. Y subsidiariamente a él —aunque
con el mismo rango de importancia—, el establecimiento de las
competencias y relaciones entre las Juntas Generales (muy restringidas
inicialmente) y la Diputación Foral como unas relaciones entre parlamento
y ejecutivo en un sistema parlamentario.
Las Juntas Generales, a pesar de aparecer como
parlamentos provinciales y tener una imagen social de cámaras
representativas y normativas, arrancaron en 1979 siendo meras supervisoras
de las decisiones de la Diputación Foral (y esto cuando lograban
hacerlo). Sin embargo, el imaginario colectivo se ha ido imponiendo, y, a
la altura del año 2000, tienen de hecho mucho del parlamento provincial
que la sociedad se imaginó que debieran ser.
2.- Una sociedad cambiante. Alava 1960-2000
Si esta convergencia entre tradiciones tan diversas fue
posible, se debió, claro, a un nuevo desarrollo de las formulaciones
ideológicas respectivas. Pero la sociedad que las acogió había cambiado
también profundamente. Las cosas comenzaron a cambiar en las décadas de
los cincuenta y sesenta en la línea de un crecimiento industrial
espectacular y en el de una clara modernización en las formas sociales.
Recuperados con dificultad los niveles de producción de la preguerra, en
los sesenta comenzó un aceleradísimo despegue económico sustentado en
el crecimiento industrial siderúrgico y mecánico. Alava fue la provincia
entre las españolas con un mayor incremento de su producto entre 1955 y
1975 (un 453%, frente a un 399% de Madrid, la segunda, y un 163% de
Zamora, la provincia con menor crecimiento) o de la renta familiar
disponible (327%, seguida de Alicante con un 289%, y frente a Zamora, con
sólo un 65%). Aquel cambio, ciertas rupturas generacionales y de
percepción de las cosas, y unas nuevas dimensiones en las relaciones
sociales hicieron posible una profunda transformación en las formas de
vida. Vitoria, que hasta mediados de los cincuenta había mantenido un
nivel de crecimiento moderado, creció según una tasa de crecimiento muy
superior a las otras capitales vascas, pasando de tener en torno a los
cincuenta mil habitantes a los ciento setenta mil en los setenta, y los
doscientos treinta en el 2000. El 85% de la población alavesa de 1981 era
población urbana.
En ese tiempo, cambió la estructura de su economía y
creció su riqueza en términos absolutos y relativos. Su producto
provincial (PIB) en pesetas constantes de 1986, paso de ser de 55.530
millones en 1955 a ser de 202.642 millones en 1997 —lo que significa
cuadruplicarlo en términos reales—. La estructura de su economía
también cambió. De ser una sociedad de estructura agraria en los
cincuenta, con viejos servicios en la capital para ofrecerlos a la
provincia, pasó por un acelerado proceso de industrialización hasta
1980, para crecer de nuevo el sector de servicios a partir de ese año(ver
Gráfico I). Pero los servicios que se instalaban en los ochenta en
Vitoria-Gasteiz (bautizada así con la democracia) ya no eran los viejos
almacenes de abono para la provincia o utillaje de cocina. El sector
servicios en los ochenta asiste ya a la industria, se ocupa del ocio y del
consumo urbano masivo. También la capital alavesa había comenzado a
terciarizarse. Sin embargo, la industria va a seguir teniendo un peso
decisivo. Según un informe del Diputado de Hacienda en 1997, Alava
crecía ese año a un 5%, 2 puntos por encima de la media española, y
había recaudado el 17,9% del Impuesto de Sociedades de toda Euskadi,
cuando su PIB no era sino el 15,31%.
GRAFICO I.
|
"PRODUCCIÓN PROVINCIAL POR SECTORES; Millones de
pts. PRECIOS IMPLICADOS
EN EL VAB EN PTS. CONSTANTES de 1986" |
| |
"PIB" |
"Agricultura" |
"Industria" |
"Construcción" |
"Servicios" |
|
"1955" |
55.530 |
4.613 |
11.646 |
5.393 |
33.878 |
|
"1957" |
61.277 |
5.210 |
12.710 |
4.866 |
38.491 |
|
"1959" |
64.599 |
6.046 |
14.656 |
5.210 |
38.687 |
|
"1961" |
78.076 |
7.346 |
19.629 |
7.066 |
44.035 |
|
"1963" |
97.672 |
10.090 |
27.684 |
9.867 |
50.031 |
|
"1965" |
116.947 |
8.949 |
43.971 |
12.005 |
52.022 |
|
"1967" |
132.212 |
7.966 |
55.902 |
13.583 |
54.761 |
|
"1969" |
162.528 |
10.202 |
73.724 |
15.818 |
62.784 |
|
"1971" |
186.578 |
10.310 |
91.093 |
16.648 |
68.527 |
|
"1973" |
218.975 |
9.073 |
107.565 |
21.172 |
81.165 |
|
"1975" |
261.684 |
10.018 |
138.625 |
22.011 |
91.030 |
|
"1977" |
279.274 |
11.068 |
149.016 |
21.453 |
97.737 |
|
"1979" |
282.494 |
10.496 |
150.135 |
19.454 |
102.409 |
|
"1981" |
280.886 |
9.342 |
141.682 |
15.071 |
114.791 |
|
"1983" |
294.298 |
10.349 |
142.218 |
15.104 |
126.627 |
|
"1985" |
307.154 |
9.409 |
144.614 |
14.498 |
138.633 |
|
"1987" |
337.339 |
10.605 |
156.805 |
14.088 |
155.841 |
|
"1989" |
369.258 |
10.608 |
161.608 |
17.944 |
179.098 |
|
"1991" |
403.516 |
12.526 |
177.863 |
20.455 |
192.672 |
|
"1993" |
394.880 |
10.068 |
167.456 |
17.857 |
199.499 |
|
"1994" |
405.540 |
9.803 |
173.997 |
18.365 |
203.375 |
|
"1995" |
422.492 |
9.008 |
185.963 |
19.350 |
208.171 |
|
"1996" |
442.208 |
10.048 |
199.433 |
19.501 |
213.226 |
|
"1997" |
451.894 |
10.113 |
202.642 |
19.489 |
219.650 |
[PIB en Alava por sectores (pts. ctes. 1986)
1955-1997]
Por lo demás, como puede comprobarse de la lectura de
la curva del PIB, en 1977 se estancaba la economía provincial, con un
proceso de crisis en el sector industrial que no remonta hasta finales de
los años ochenta. Crisis que vuelve a reproducirse en 1993, esta vez por
un recalentamiento general de la economía española, pero que en Alava,
de nuevo, va a afectar al sector industrial. Fue una crisis coyuntural de
la que se salió con una excelente salud económica, con un tejido
económico renovado y bajando manifiestamente las tasas de desempleo (ver Gráfico
II.). Este será uno de los grandes retos a los que habrán de
enfrentarse las nuevas instituciones forales surgidas en 1979 a través de
controvertidos planes de incentivación fiscal, creación de institutos de
desarrollo, adquisición de suelo y creación de zonas de crecimiento.
GRAFICO II.
"POBLACIÓN PARADA (EPA)"
| |
"1986 |
"1987 |
"1988 |
"1989 |
"1990 |
"1991 |
"1992 |
"1993 |
"1994 |
"1995 |
"1996 |
"1997 |
"1998 |
"1999 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
"España" |
21,5 |
20,6 |
19,5 |
17,3 |
16,3 |
16,3 |
18,4 |
22,7 |
24,2 |
22,9 |
|
|
|
|
|
"CAPV" |
24,1 |
23,3 |
21,8 |
19,6 |
18,8 |
18,5 |
19,8 |
23,9 |
24,9 |
23,0 |
|
|
|
|
|
"Alava" |
18,8 |
19,0 |
18,0 |
16,2 |
16,1 |
15,3 |
18,3 |
21,4 |
22,3 |
15,9 |
|
15,3 |
12,9 |
13,2 |
| |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
[Tasa de población parada (1986-1999).
Pero si hasta 1975 lo que cambió fue esencialmente la
economía y las variables estructurales de la sociedad, a partir de los
ochenta cambiaron radicalmente los usos cotidianos y de cultura. Si ya en
los años anteriores habían surgido en los márgenes ciertos movimientos
de ruptura cultural (como fueron el grupo Orain en pintura, o Denok en
teatro), en los ochenta la sociedad cambió radicalmente sus hábitos
sociales, homologándolos rápidamente a los de su entorno de la Europa
occidental. Se abrió plenamente al mundo exterior. El ocio cambió de
espacios y se hizo más nocturno. Se abrieron nuevas discotecas y
garajes/factoría donde la gente se agolpaba en la noche en un ambiente de
ruido, humo y alcohol, en locales hechos para bailar mucho y comunicarse
poco. También le aquejaron los males de esos años: primero la
drogodependencia creando nichos de marginalidad, y luego el SIDA.
Aparecieron nuevos movimientos musicales, del punk a los grupos de pop,
blues o indi; grupos como Hertzainak, Potato, Allnighters,
Reverendo Parker o músicos como Ruper Ordorika, Bingen Mendizábal
o Juanjo Mena, de trayectoria muy distinta pero que tienen en común su
apertura a la oferta musical internacional y su integración en redes
profesionales interurbanas. Se organizaron proyectos culturales como la
factoría Katanga y salas de exposiciones como Trayecto.
Surgieron nuevos proyectos en las artes plásticas como Carlos Margote,
Iñurrieta y Mintxo en pintura o Girbau en escultura, igualmente ajenos a
toda pretensión localista. Se animaron publicaciones alternativas como Lux
Demoniorum, y radios como Hala Bedi Irratia, se promovieron
encuentros culturales (Martínez Salazar) y surgieron talentos corrosivos
para el cine, caso de Bajo Ulloa. Naturalmente, todo ello erosionó una
cultura tradicional que apenas si había recibido antes los embates de la
modernidad, y que también desarrolló esos años una vulgata de nostalgia
(entre los más veteranos) o resistencia (enfrentamiento punkis/blusas
en 1986). La apertura al exterior es franca, como lo atestiguan el
Festival de Jazz y el Festival Internacional de Teatro.
También la economía alavesa se abría al exterior. No
hay sino ver las cifras del comercio exterior de la provincia.
GRAFICO III.
"COMERCIO EXTERIOR EN ALAVA (en Millones de pts.)"
| |
"1984 |
"1985 |
"1986 |
"1987 |
"1988 |
"1989 |
"1990 |
"1991 |
"1992 |
"1993 |
"1994 |
"1995 |
|
"Importaciones" |
|
|
41.803 |
44.111 |
56.199 |
66.799 |
71.322 |
73.964 |
76.237 |
104.436 |
157.783 |
187.272 |
|
"Exportaciones" |
|
|
71.073 |
85.166 |
111.894 |
121.824 |
131.234 |
144.937 |
141.978 |
185.020 |
236.348 |
263.420 |
|
"Saldo" |
|
|
29.270 |
41.055 |
55.695 |
55.025 |
59.912 |
70.973 |
65.741 |
80.584 |
78.565 |
76.148 |
|
"Cobertura (35/36*100)" |
|
|
170,0 |
193,1 |
199,1 |
182,4 |
184,0 |
196,0 |
186,2 |
177,2 |
149,8 |
140,7 |
Si en los usos cotidianos hubo un cambio sustantivo, en
parte se debió a que en el tránsito de la dictadura a la democracia se
produjo un claro relevo generacional y de sensibilidad política entre las
élites políticas y las élites de poder. Los nuevos protagonistas
(Emilio Guevara, José Angel Cuerda, Fernando Buesa, los Aguiriano, Txus
Viana o Alfredo Marco Tabar), procedentes todos de conocidas familias de
Vitoria, fueron quienes lideraron el cambio político y la transformación
jurídico-política que estamos analizando. Vitoria era ya una gran ciudad
a la que habían afluido un gran número de nuevos emigrantes (de hecho;
cuantitativamente constituían mayoría). La componía aquella masa
social, a la que he llamado en otro sitio "Vitoria real", la del
industrialismo y la inmigración, la que se agolpó en las calles durante
el funeral por los muertos el 3 de marzo de 1976. Era ya una sociedad muy
variada tanto por su origen como culturalmente. Sin embargo, fueron
cuadros procedentes de lo que los antropólogos llaman comunidad moral
(ese sector que desde los sesenta y claramente en los setenta, aparecía
como difusora y árbitro de las nuevas normas, los valores y moralidad del
lugar, hijos de antiguas familias de Vitoria), la "Vitoria
moral", los que protagonizaron el cambio en sus primeras fases. Sólo
progresivamente, y desde los segundos escalones de la política y cargos
de responsabilidad técnica, la élite del poder local fue progresivamente
abriendo paso a la "Vitoria real" (que es otro símbolo, pues
tampoco es estadísticamente representativa; sí política y socialmente),
a la élite social más amplia que dirigía ya la sociedad civil
(especialmente a través de una clase media profesional y técnica de
origen exterior a Alava).
Culturalmente variada, las distintas corrientes de
opinión fueron decantándose en las elecciones que se dieron desde 1977.
GRAFICO IV.
|
"ALAVA" |
"Jun. 1977 (g)" |
"Mar. 1979 (g)" |
"Abr. 1979 (m)" |
"Mar. 1980 (a)" |
"Oct. 1982 (g)" |
"May. 1983 (JJ)" |
"Feb. 1984 (a)" |
"Jun. 1985 (g)" |
"Nov. 1986 (a)" |
"Jun. 1987 (JJ)" |
"Oct. 1989 (g)" |
"Oct. 1990 (a)" |
"May. 1991 (JJ)" |
"May. 1993 (g)" |
"Oct. 1994 (a)" |
"May. 1995 (JJ)" |
|
"PNV" |
21.708 |
26.722 |
36.866 |
31.640 |
32.103 |
45.657 |
44.583 |
26.030 |
27.975 |
23.185 |
23.247 |
28.341 |
31.535 |
26.321 |
29.911 |
38.126 |
|
"PSE-EE" |
34.244 |
24.871 |
17.860 |
14.694 |
51.674 |
34.890 |
31.485 |
45.259 |
34.975 |
26.241 |
35.723 |
26.894 |
22.080 |
40.860 |
21.431 |
21.099 |
|
"HB" |
|
11.594 |
|
14.804 |
14.540 |
10.872 |
13.539 |
16.440 |
17.860 |
18.653 |
16.015 |
16.139 |
13.873 |
14.702 |
13.865 |
13.330 |
|
"PP (UCD, CDS y AP)" |
46.265 |
36.859 |
28.580 |
26.745 |
33.578 |
21.310 |
22.887 |
33.551 |
20.673 |
21.762 |
28.655 |
16.194 |
10.725 |
32.470 |
21.885 |
25.077 |
|
"EA" |
|
|
|
|
|
|
|
|
20.248 |
27.934 |
11.689 |
10.332 |
10.570 |
9.036 |
9.958 |
11.500 |
|
"EE" |
|
5.442 |
3.754 |
9.659 |
10.180 |
7.571 |
9.633 |
11.081 |
15.256 |
10.666 |
11.873 |
8.526 |
5.497 |
|
|
|
|
"IU (PCE)" |
3.906 |
3.877 |
3.512 |
3.172 |
1.573 |
1.070 |
1.368 |
1.976 |
|
619 |
4.219 |
1.451 |
1.329 |
10.748 |
12.484 |
11.400 |
|
"UA" |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
14.034 |
22.342 |
16.623 |
25.469 |
23.442 |
|
"Otros |
17.834 |
4.508 |
10.038 |
3.946 |
1.769 |
741 |
1.368 |
1.239 |
|
2.658 |
3.800 |
3.300 |
1.197 |
3.200 |
283 |
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
"ESCAÑOS EN JUNTAS GENERALES" |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
"ALAVA" |
"Jun. 1977 (g)" |
"Mar. 1979 (g)" |
"Abr. 1979 (m)" |
"1979" |
"Oct. 1982 (g)" |
"May. 1983 (JJ)" |
"1983" |
"Jun. 1985 (g)" |
"Nov. 1986 (a)" |
"Jun. 1987 (JJ)" |
"1987" |
"Oct. 1990 (a)" |
"May. 1991 (JJ)" |
"1991" |
"Oct. 1994 (a)" |
"May. 1995 (JJ)" |
|
"PNV" |
|
|
26 |
1.418 |
|
23 |
1.985 |
|
|
10 |
2.319 |
|
14 |
2.253 |
|
15 |
|
"PSE-EE" |
|
|
7 |
2.551 |
|
14 |
2.492 |
|
|
11 |
2.386 |
|
11 |
2.007 |
|
7 |
|
"HB" |
|
|
|
|
|
4 |
2.718 |
|
|
8 |
2.332 |
|
7 |
1.982 |
|
4 |
|
"PP (UCD, CDS y AP)" |
|
|
14 |
2.041 |
|
9 |
2.368 |
|
|
7 |
3.109 |
|
3 |
3.575 |
|
9 |
|
"EA" |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
12 |
2.328 |
|
3 |
3.523 |
|
4 |
|
"EE" |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
3 |
3.555 |
|
2 |
2.749 |
|
|
|
"IU (PCE)" |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
3 |
|
"UA" |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
11 |
2.031 |
|
9 |
|
"Otros |
|
|
10 |
1.004 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
[Elecciones generales en Alava (1977-1999)]
GRAFICO V.
Gráfico similar al anterior pero con las elecciones
autonómicas.
Como puede verse, en las elecciones generales
sistemáticamente se ha venido imponiendo la izquierda del PSE o el
centro-derecha, especialmente esto último a partir de la victoria del PP
en las generales de 1996 y el debate sobre Lizarra surgido a partir de
1998. En las autonómicas, sin embargo el PNV ha sido la primera opción,
salvo en 1986 en que fue el PSE y 1998 en que ganó el PP.
En estas elecciones, si con el fin de dibujar las
grandes culturas políticas en relación con su identidad comunitaria
marcáramos una divisoria entre quienes con matices se han expresado a
favor de un alavesismo vasquista —o puramente por el vasquismo— y
quienes están en posiciones alavesistas españolas —o estrictamente
españolas—, observaríamos que prevalecen claramente aquellas culturas
de inclinación española en las elecciones generales (entre el 49% y el
68% de las últimas de 1999) frente a las vasquistas (entre un 17% y un
37% alcanzado en 1987). En las autonómicas y forales, sin embargo, el
vasquismo (supuesta esa identificación electoral cambiante en el tiempo
con las grandes culturas) alcanza un techo (1986 para las autonómicas y
1987 en las forales) para dar paso en los noventa a la cultura política
de orientación española.
Este será el marco social en el que se pondrán en
marcha las Juntas Generales: una sociedad con unas estructuras económicas
y sociales radicalmente renovadas e inmersa en un profundo proceso de
transformación cultural de carácter renovador y abierto. Un proceso de
cambio dirigido inicialmente por cierta nueva élite local y que
progresivamente ha ido abriéndose a una nueva clase media de la
inteligencia de origen variado que ha ido incorporándose al entramado
institucional y adquiriendo relevancia creciente en la sociedad civil.
3.- La primera configuración de la foralidad en el
marco del Estatuto y la pugna en torno a la LTH
El 7 de mayo de 1979, tras constituirse la Mesa de Edad
en la Sala de Sesiones del Palacio de la Provincia, fueron presentando sus
credenciales los procuradores de hermandad de la provincia de
Alava. Quedaba así repuesta y constituida de nuevo las histórica Juntas
Generales de esa provincia.
Presidía la mesa Lázaro Gancedo, alcalde de Ayala y
hombre de hondas resonancias históricas. Era hijo del teniente de
Diputado General, José Gancedo, quien dimitió junto con el Diputado
General Domingo Martínez de Aragón, cabezas del sector fuerista
intransigente, cuando en febrero de 1877 las Juntas Generales votaron
romper con las posturas intransigentes de sus correspondientes de Vizcaya
y Guipúzcoa (luego hubo dos nuevas autoridades forales; ver en este mismo
libro, el capítulo de Ortiz de Orruño y Portillo). Lázaro Gancedo
había sido alcalde de Ayala con la República y único nacionalista que
aceptó el nombramiento en 1931 para la Gestora Provincial de la
Diputación, cuando su partido, el PNV, las boicoteaba. Exiliado tras la
guerra, vivía de nuevo en Ayala desde 1949. En su persona convergían
pues buena parte de las tradiciones políticas que iban a ser las que
reconstruyeran las nuevas Juntas Generales.
Las Juntas de Alava ya nacieron con su peculiaridad
respecto a la guipuzcoana y a la vizcaína (una peculiaridad regresiva,
contra la que lidiaron los partidos progresistas en la primera
legislatura). Mientras que aquéllas eran elegidas por sufragio directo y
universal, las de Alava lo eran en segundo grado por las hermandades.
Las Juntas Generales —reza el Decreto restaurador
de 1979– son el «órgano representativo alavés, a través de sus
Municipios agrupados en Hermandades, en la administración y en el
gobierno provincial».
Aparte de su redacción, de nuevo administrativista,
esta fórmula primaba fuertemente la representación rural frente a la
urbana, siendo que, como he dicho, el 85% de la población alavesa vivía
en zona urbana, mientras que renunciaba al sufragio universal y directo.
Fueron elegidas según la Ley 39/1978, de 17 de julio de Elecciones
Locales en las primeras que se celebraron en democracia el 3 de abril de
1979. El índice de abstención fue relativamente alto (34,6%) comparado
con el que venía dándose en las generales (sólo 16,4% en las de 1977).
Pero aquélla fue la tónica en adelante (sólo en las autonómicas
aumentaba aún más la abstención). Ya por esas fechas se apreciaba un
cierto alejamiento de las gentes de la política (el fenómeno que en la
época se conocería como el "desencanto"). Tanto en Vitoria (el
lugar más ambicionado) como en la provincia triunfaron por primera vez en
Alava los nacionalistas sobre UCD y PSE. El 18 de abril la vieja
corporación provincial presidida por Cayetano Ezquerra celebraba su
última sesión, y el 22 de abril, la Junta Electoral Provincial asigna
procuradores. De los 57 Procuradores 26 PNV, 14 UCD, 7 PSOE, 3 Gure
Aukera, 2 Amurrioko Aukera y 5 de candidaturas diversas.
Pronto cederían todo el protagonismo en el gobierno y
la iniciativa normativa de la Provincia a una Diputación constituida, en
esta primera legislatura, al viejo estilo, como permanente de las Juntas,
incorporando a todos los partidos presentes en aquéllas. Todavía no
había una clara definición parlamentaria del entramado foral y las
funciones se confundían.
3.1.- Los primeros pasos de las Juntas. Redefiniendo la
foralidad
En aquella sesión constitutiva se eligió en segunda
vuelta al Diputado General, que, a propuesta del portavoz peneuvista,
José Angel Cuerda, recayó en la persona de Emilio Guevara Saleta (a
quien invitaron a entrar, pues no era procurador). Guevara («Vitoriano
e hijo de vitorianos», decía la prensa local, abogado en el bufete
de su padre en aquel momento, y miembro muy activo en la Comisión de
Transferencias al CGPV) obtuvo los votos de su partido, el PNV, y los de
algún independiente (30 en total). A continuación, juró defender los
Fueros alaveses (con lo que quedaba proclamado) y pronunció un discurso
breve con algunas ideas genéricas sobre el momento y los principios que
le inspiraban. Se definió como «hijo de Alava» y como tal
exigió la «reintegración foral plena … como la demostración clara
de la voluntad de todo el pueblo de Alava». Hizo votos por «la
inmediata constitución de un País Vasco autónomo, articulado
políticamente desde el respeto a la personalidad de todos y cada uno de
los territorios vascos que lo integran». Guevara aparecía ya en su
discurso de toma de posesión, tal como tendría ocasión de mostrar más
adelante, como un ilustrado neofuerista y nacionalista moderado de corte
confederal. Algo que, doctrinalmente formaba parte del acerbo nacionalista
desde Sabino Arana, que incluso había inspirado la redacción del
Estatuto de Sociedad de Estudios Vascos en 1931, origen del llamado
Estatuto de Estella, pero que se había perdido como tradición en el
núcleo directivo del PNV del último franquismo. Incluso las conocidas
apelaciones foralistas del senador Mitxel Unzueta poco tiempo antes en el
debate constitucional, tenían mucho de retórico en términos jurídicos;
no eran sino argumentos ad probandi para justificar un derecho
vasco (histórico) previo a la propia Constitución que se debatía —y,
por tanto, prevalente—. Guevara se autodefinía exclusivamente como alavés,
y su apelación al País Vasco fue para hacer inmediata referencia al
"respeto de la personalidad de cada territorio" que la integra.
Una postura poco habitual en EBB del momento, pero que se abriría paso,
como veremos, con motivo del debate de la Ley de Territorios Históricos.
El nuevo Diputado General aceptó la Delegación
Real para presidir la Juntas, con lo que, desde ese día, además de
dirigir la Diputación que se iba a formar, presidiría las Juntas
Generales. En este punto se produjo un pequeño incidente al proponer
Guillermo Perea, independiente, pero adscrito a HB, no aceptar la
presidencia del Rey (ni de su Delegado, por tanto) hasta que éste no
hubiera jurado los Fueros «tal como lo hicieron dentro de la dinastía
reinante», y señaló a continuación una relación que iba desde
Felipe V a Isabel II. Dado que no se aceptó, abandonaron la sala de
sesiones él y algún otro procurador.
Se aprobaron dos mociones, una a favor del Estatuto de
Guernica que esos días se tramitaba en las Cortes (42 votos a favor y 3
en contra) y un ruego a Diputación para que promoviera su participación
en el CGPV (finalmente los propuestos, presentados a la Sesión de Tierras
Esparsas, serían Félix Ormazábal y Juan José Pujana del PNV, y Carlos
Solchaga del PSE, en un CGPV que pronto iba a ser presidido por Carlos
Garaikoetxea, Presidente del EBB). Se acordó (a propuesta del PSE)
incluir en la próxima sesión el tema de las centrales nucleares y una
regulación de las elecciones de las Juntas Administrativas. Y se rechazó
una propuesta de "amnistía total" (13 en contra, 3 a favor y 21
abstenciones). Finalmente, todos los procuradores acudieron en comitiva,
con maceros y chistularis, a homenajear a Mateo Moraza en su estatua de la
Plaza de la Provincia, acto que finalizó con el Agur Jaunak.
Un acto solemne como correspondía al hecho histórico
de la restitución, vago en sus contenidos, más ceremonial que resolutivo
y en el que se anunciaba ya el carácter subsidiario que las Juntas iban a
tener respecto de la Diputación en esta primera etapa. Las siguientes
sesiones (la segunda simbólicamente en Tierras Esparsas, en Salvatierra,
tal como habían acordado las Juntas Generales de noviembre de 1876, nunca
celebradas) siguieron la misma tónica.
El 11 de mayo de constituía la Diputación Foral de
Alava con dieciséis diputados: ocho por PNV, tres por UCD, dos del PSE, y
uno por Gure Artea y otro por los Independientes de Iruña de Oca, que iba
a funcionar con ocho Comisiones que recordaban al arcaico sistema
sinodial, con cuatro presidencias para PNV, dos para UCD, una para el PSE
y otra para Gure Artea (hasta junio de 1983 no hubo ni tan siquiera un
Consejo de Diputados).
El momento era de una gran densidad política en toda
España, pero especialmente en el País Vasco, donde por esas fechas se
estaba cerrando el marco constituyente general con la negociación del
Estatuto. El día 3 de junio se reunió en Vitoria una Magna Asamblea con
concejales, junteros y diputados forales para ratificar el Estatuto de
Autonomía de Guernica. Ciento ochenta y siete ayuntamientos respaldaron
el Estatuto y los tres Diputados Generales estamparon su firma en el
documento de apoyo. Fueron días de jornadas agotadoras, de encuentros
decisivos entre el presidente Adolfo Suárez y Carlos Garaikoetxea como
presidente del CGPV. Entre los asesores para temas jurídicos y del
Concierto de los representantes vascos en la ponencia constitucional se
hallaban el recién elegido Diputado General, Emilio Guevara, y el que
sería su compañero de bufete, Pascual Jover. El 17 de julio terminaron
sus trabajos (con los nuevos Conciertos aprobados el día 13) y el 18,
rodeado por los representantes máximos del PSE, EE, PCE, ESEI y UCD
(además de Arzalluz y el Presidente del BBB, Félix Ormaza), Garaikoetxea
daba una rueda de prensa en San Sebastián dando cuenta del acuerdo. A
partir de ese instante, quedaba únicamente su ratificación en el pleno
de las Cortes y el referéndum que se fijó para el día 25 de octubre de
ese año (1979).
La campaña a favor del Estatuto fue intensa (mientras
HB, apoyada por ETA-m, hacía campaña en contra). Resulta destacado y
significativo el artículo que el último día de campaña, 23 de octubre,
firmaba en la prensa local Emilio Guevara («Alava ante el estatuto de
autonomía»). «Nos está prohibida la indiferencia», decía.
Tras 140 años de «violencia estéril se abre la solución política,
un Estatuto de Autonomía». Alava no puede subsistir sola con su
Concierto, no puede elegir «una vía sin salida final». Aún en
el caso que haya quien no comparta la idea de la nación vasca, debe
reconocerse, decía, que los alaveses somos por cultura vascos. Por lo
demás, «Alava no tiene otra posibilidad lógica que aceptar el
Estatuto». Tampoco cabe prever que el Concierto se perpetúe si
fracasa el Estatuto. Por todo ello a Alava le interesa el Estatuto y debe
dar su "sí" en el referéndum del domingo.
Los alaveses votaron afirmativamente el Estatuto con
una participación del 63,3% y un voto afirmativo del 83,4% sobre los
participantes. Tan sólo el 9% votó "no". La participación fue
algo más baja que en las provincias hermanas, pero similar a la producida
en la elección de las Juntas Generales (lo que desautorizaba a los
abstencionistas de la recién creada coalición de HB). Los
"noes" (opción propugnada por los foralistas de AP, que
contaban para ello con el periódico Norte Exprés) sí fueron más
numerosos que en Guipúzcoa o en Vizcaya, pero aún así, insignificantes.
La Diputación alavesa se felicitó en su primera sesión por la
aprobación del Estatuto.
Si bien aquellos resultados auguraban una rápida
clarificación del panorama político, el terrorismo y las torturas y
guerra sucia que aún se practicaban, lo enturbiaban sin remedio. El 9 de
enero de 1980 era asesinado el Comandante Jefe de los Miñones, Jesús
Velasco. En Juntas Generales Extraordinarias celebradas el 12 enero,
éstas, a propuesta de su Presidente condenaban tajantemente el terrorismo
y el asesinato del funcionario foral. En junio, por su parte, fue también
asesinado en Bayona el vitoriano Enrique Gómez, supuesto instructor de
los comandos legales de ETA. Aquel hecho produjo, también algún
incidente en la capital alavesa (del mismo modo que se habían producido
en el entierro del Jefe de Miñones).
En febrero de 1981 ETA asesinaba al ingeniero de
Lemóniz, José María Ryan. Más de 300.000 personas se manifestaron en
todo el País Vasco contra aquel asesinato, mientras el Gobierno vasco y
Diputación alavesa pedían a la población un posicionamiento tajante
ante el terrorismo. Sin embargo, ese mismo mes, moría en Madrid por
torturas el presunto miembro de ETA, José Arregui. El Parlamento vasco se
manifestaba contra la ley antiterrorista que se le había aplicado a
Arregui. El paro fue generalizado en Alava y las manifestaciones masivas.
En la pancarta que encabezaba la manifestación de Vitoria podía leerse:
«Euskadi… Paz y Libertad/Euskadi, Pakea eta Askatasuna».
El 1 de octubre de aquel año se disolvía ETA-pm. Pero
ETA-m siguió con los asesinatos y secuestros. Las Juntas Generales en
Sesión Extraordinaria (17 diciembre 1987) se adhirieron al Parlamento
Vasco en su pronunciamiento contra la violencia tras los sangrientos
atentados de Zaragoza, Basauri y Placencia. Y en Sesión del 28 enero 1988
se adherían al acuerdo suscrito por los partidos PSE, PNV, EA, EE, AP y
CDS para la Normalización y Pacificación de Euskadi (Pacto de Ajuria
Enea). Y aún el 10 de marzo de 1989 realizaba una Declaración
Institucional, aprobada por unanimidad, convocando a la sociedad alavesa a
participar en la manifestación a celebrar en Bilbao a favor de la Paz del
día 18 de marzo. Quedaban ocho años para aquella insurrección
antiterrorista que siguió al asesinado del concejal del PP en Ermua. Pero
la sociedad iba madurando. Y con ella, las instituciones.
Otro de los problemas que acució a la sociedad
española aquellos años fue el de la reconversión de una industria
obsoleta. Ese fenómeno, con sus lacras sociales, afectó relativamente a
Alava (lo hizo especialmente a la zona de Llodio, con la que las Juntas y
la Diputación debió tener una atención especial). También Vitoria se
vio afectada por ella. La factoría Michelín estableció una regulación
de empleo y cambios de turnos contra los que los trabajadores se pusieron
en huelga. El junio de 1980, un comando terrorista asesinaba al jefe de
instalaciones de Michelín, como remate de una serie de hechos violentos.
El 8 de marzo un grupo rompía la imagen gótica de la Virgen Blanca. El
día 14 una manifestación masiva (20.000 personas) acudía a la
procesión del Rosario de la Aurora en señal de desagravio. Un movimiento
violento, de matonismo ácrata con leves conexiones sindicales e
iconoclasta se desarrolló esos años en Vitoria, sin que llegara a durar
más allá de 1984.
Las Juntas Generales no eran aún sino caja de
resonancia de todo esto que ocurría en la calle. Apenas un organismo con
iniciativa, cogido entre su marginalidad institucional y el protagonismo
de la Diputación. HB, vinculada a alguno de aquellos movimientos, no
participaba en ellas, del mismo modo que no tomaba parte en el resto de la
vida institucional. Fue el Reglamento aprobado el 18 de enero de 1980, y
que a propuesta del PSE, separó la presidencia de las Juntas del cargo de
Diputado General, la que puso la primera piedra en la línea de redefinir
la foralidad en el sentido de un sistema parlamentario provincial, con
cámara y gobierno separados. Francisco José Ormazábal (Patxi
Ormazábal), del PNV, pasó a ocupar aquella presidencia con los 25 votos
de su partido.
CUADRO I
NOMINA DE PRESIDENTES DE LAS JUNTAS GENERALES DE ALAVA,
1979-2000
|
FECHA / DATA
|
PRESIDENTE / LEHENDAKARI
|
Partido del Presidente |
|
7 mayo1979
16 febrero 1980
30 septiembre 1986
26 junio 1991
22 junio 1995
12 abril 1999
6 julio 1999 |
Emilio Guevara Saleta
Patxi Ormazábal Zamacona
Juan José Ibarretxe Marcuartu
Juan Pastor Alvarez
Juan Manuel López de Juan-Abad
Mikel Martínez Martínez de Lizarduy
Xesqui Castañer López |
PNV
PNV
PNV
PSE
PNV
PNV
PSE |
CUADRO II
NOMINA DE PRESIDENTES DE LA DIPUTACION FORAL DE ALAVA,
1979-2000
|
FECHA
DATA
|
DIPUTADO GENERAL
DIPUTATU NAGUSIA
|
Partido del Diputado General |
Mayoría de apoyo en las
Juntas Generales |
|
7 mayo 1979
24 mayo 1983
17 julio 1987
17 julio 1991
13 julio1995
26 julio 1999 |
Emilio Guevara Saleta
Juan María Ollora Ochoa de Aspuru
Fernando Buesa Blanco
Alberto Ansola Maiztegui
Félix Ormazábal Ascasibar
Ramón Rabanera Rivacoba |
PNV
PNV
PSE
PNV
PNV
PP |
PNV
PNV
PSE/PNV
PNV/PSE/EA
PNV/PSE/EA
PP |
El siguiente paso en esa dirección fue la aprobación
el 5 de marzo de 1983 (al tiempo en que se hacía otro tanto en Guipúzcoa
y Vizcaya), en un pleno tortuoso, de la Ley de Elecciones a Juntas
Generales, y el día 7 de la Norma sobre Organización Institucional del
Territorio Histórico de Alava. El sistema electoral quedó convertido en
Ley 4-1983 de 7 de marzo. El PSE y EE, que lo habían reclamado
reiteradamente para sustituir el Decreto de Martín Villa por un sistema
de sufragio universal, directo y proporcional, se opusieron con fuerza al
propuesto por el PNV por primar éste radicalmente el voto rural (ver Gráfico
VI). La Ley, sacada con los únicos votos de los nacionalistas,
dividía la provincia en siete distritos; tantos como Cuadrillas. En ellas
se elegían 51 procuradores: 25 por Vitoria , 13 por Ayala, 4 por
Salvatierra, 3 Laguardia, 2 Zuya, 2 Añana y 2 Campezo, en un
procedimiento que combinaba la representación proporcional con la
territorial. La Ley pasó el tramite obligatorio por el Parlamento Vasco
gracias a un Pacto de última hora entre PNV y Coalición Popular, pues el
resto de los partidos de la oposición abandonaron la sala, impidiendo por
un momento el quórum.
La sesión en la que se aprobó la Norma sobre
Organización Institucional del Territorio Histórico de Alava (aprobada,
también en Guipúzcoa y Vizacaya), fue igualmente tormentosa. En ellas,
tal como lo defendía el ponente nacionalista, José Angel Cuerda, se
proponía una nueva estructuración de las instituciones provinciales como
sistema de autogobierno provincial con un legislativo y un ejecutivo. Era,
en realidad, un verdadero estatuto de autonomía provincial, que
sobreponía el artículo 37.3 del Estatuto vasco (que establecía las
competencias de los Territorios) al 10.3 (competencias de la CAPV). La
oposición, que creía que debía posponerse la Norma hasta conocer las
competencias que le otorgaba la Ley de Territorios Históricos (LTH),
entonces a debate —y que, en todo caso, el único legislativo debía ser
el Parlamento Vasco—, se ausentó de la Sala cuestionando el quórum
en las Juntas. Finalmente, se votó el texto con los procuradores
nacionalistas presentes, al considerar la presidencia que la no
presentación del acta por parte de HB, rebajaba el quórum de 29
necesario a 26. Los 26 procuradores del PNV sacaron la norma adelante. A
partir de ella, las Juntas, órganos representativos de la Provincia,
tendrían capacidad legislativa en algunas materias (Normas Forales), y a
la Diputación, perdiendo aquel carácter representativo, adquiría una
estructura de ejecutivo presidencialista.
Con ambas leyes (ambas aprobadas con el exclusivo voto
del PNV; Buesa y Aguiriano, del PSE, comentaban por aquellas fechas que
las normas nacionalistas se habían impuesto como un "trágala")
se había dado un gran paso en la línea de redefinir la foralidad en el
interior de la Provincia como sistema de autogobierno provincial,
según un sistema parlamentario con representación fuertemente
territorial.
Por lo demás, en esa primera legislatura ya se
definieron por la Diputación Foral algunas de las prioridades que van a
ocupar a las instituciones provinciales en el periodo que nos ocupa hasta
el año 2000. Los temas que se estimaban urgentes eran el aeropuerto de
Foronda (su definición; hoy ya de carga); FASVA y el servicio sanitario;
el CUA (hoy, Campus Universitario de la UPV); Servicio de Vascuence
(luego, leyes de normalización); las relaciones
Diputación/Ayuntamientos; adecuación de la Reforma Tributaria a la
Hacienda Foral (con reajustes en el IRPF y en los impuestos de
sociedades), lo que implicaba una reforma y racionalización del
Departamento de Hacienda; la elaboración de un Plan General de
Infraestructuras (carreteras: Málzaga/Burgos, desdoble de la autovía N-1
hasta Alsasua y nueva circunvalación a Vitoria; ferrocarriles:
Vitoria/Bilbao a través de Orduña y comunicaciones con San Sebastián y
Pamplona, hoy "Y" vasca; el desarrollo en Júndiz de centro de
distribución y transporte de mercancías), la elaboración de un plan
para los pueblos (que serían los Planes Forales de Obras y Servicios y el
FOFIM); y un plan general de actuaciones en el Valle de Ayala.
Finalmente, la Diputación, favorecida por un Gobierno
que temía el contagio del efecto navarro a Alava, tuvo el acierto y la
habilidad de atraer la capitalidad de la CAPV a Vitoria (acuerdo del
Gobierno del 12 de mayo de 1980). Y la perspicacia de no darse por
satisfecho con ello ("síndrome de Bonn"), sino de apostar por
un desarrollo industrial que no condenara a la capital a ser una ciudad
dormitorio y administrativa.
Pero el gran argumento alavés era un Concierto
Económico ininterrumpido desde su promulgación (como lo era el Convenio
navarro) que le había permitido dotarse de un poderoso aparato
administrativo y unos niveles de equipamiento y servicios sin parangón.
Hasta el punto de que Juan Mª Ollora, Diputado de Hacienda, ofreciera el
concierto alavés como modelo para el vizcaíno y el guipuzcoano. En enero
se firmó la Ley 12/1981 de Conciertos Económicos para el País Vasco. La
Diputación alavesa (también las Juntas) aprobaba con alborozo el nuevo
Concierto (no en vano habían sido unos de sus principales gestores), y el
Diputado de Hacienda no dudaba en hablar de la marcha hacia la plena
reintegración foral (vieja reivindicación del PNV) y en la dirección de
una Euskadi confederal.
En efecto, porque si se había logrado redefinir la
foralidad en el interior de la Provincia conciliándola con el
constitucionalismo y la tradición de la libertad individual (un
constitucionalismo con radical primacía del ejecutivo y una democracia
muy restrictiva), faltaba encajarla con la tradición nacionalista
asentada en el Gobierno Vasco. Esa sería la siguiente tarea, quizá la
más ardua. Un encaje, por cierto, que se llevó por delante alguna
víctima: a Carlos Garaikoetxea, Presidente del EBB, que dimitiría como
lehendakari en diciembre de 1984. Ese fue el debate por la LTH.
3.2.- La LTH y la afirmación de los derechos
privativos alaveses. Una Euskadi foral
Se ha dicho que aquélla fue una pugna en el seno del
PNV, que fue una pugna de poder endogámica. Cierto y falso. Cierto,
porque tanto la tradición foral (o el neofuerismo) como la nacionalista estricto
sensu convivían en el mismo partido. Pero falso, porque no era
aquélla una pugna endogámica: interesaba, y mucho, a otros grupos
sociales. Por ceñirnos a Alava, interesaba, claro, a sus empresarios de
la Cámara de Comercio o del futuro SEA, a la vieja AP, pero también a
socialistas como Fernando Buesa, luego Diputado General, o Alfonso
Martínez, portavoz en las Juntas Generales, o al PP actual, por no hablar
de quienes apoyaron en su día la opción de Unidad Alavesa. Había en
Alava, como lo probaba ya en 1977 el fenómeno del senador autonomista
Ramón Bajo (ver supra) un cierto sentir social de identidad
peculiar (que no coincidía con lo que luego fue UA).
El primer borrador de la LTH (BOPA, Serie A, nº8, 3
junio 1981) fue exultantemente nacionalista/autonomista. Hablaba de «un
corte histórico radical con el pasado» en materia foral. Suponía la
primacía absoluta de las instituciones comunes al País Vasco, a Euskadi
(Gobierno y Parlamento), frente a las particulares, a las que se les
reservaba sólo el derecho a proponer iniciativas al Parlamento Vasco
(Juntas), mientras que las Diputaciones Forales serían simples entidades
administrativas tuteladas y con competencia únicamente reglamentaria.
Aquello puso en guardia a quienes sinceramente profesaban una idea
fuerista y confederal de organización del País Vasco y a no pocos
sectores interesados en un renovado poder de las Diputaciones (en el
núcleo fuerte de la Diputación alavesa había una razonable y legítima
combinación de ambas actitudes; Emilio Guevara era, como ha quedado
dicho, un eminente neofuerista).
Pero quienes primero pusieron en circulación pública
una actitud de rechazo alavesista y foral ante el anunciado proyecto de la
LTH fueron sectores de AP (Santiago Griñó, propietario del Norte
Exprés y diputado en el Parlamento Vasco) y el director de aquel
periódico, Felipe García Albéniz (viejo y conocido foralista en la
mejor tradición del viejo régimen). Se ocuparon de alarmar a la
población alavesa ante un Estatuto "centralista" y a una
exaltación historicista de todo lo privativo de Alava. Hasta las Juntas
Conmemorativas del franquismo eran ensalzadas en aquel discurso. Su modelo
era Navarra.
Pero pronto comenzó a tomar posiciones el líder del
neofuerismo alavés. El 31 de mayo de 1981 el Diputado General, Emilio
Guevara, pronunciaba su acostumbrado discurso en las Juntas Generales de
Tierras Esparsas, en Respaldiza. En ellas se manifestaba contra una idea
piramidal del poder en las comunidades. La autonomía ha de extenderse
hacia dentro, dijo. Alava, al presentar sus Presupuestos demostraba que
era capaz de hacer frente por sí misma a los retos que tiene planteados.
Para Emilio Guevara las Juntas Generales habían recuperado la capacidad
legislativa y fiscalizadora de la gestión de la Diputación. Una visión
que casaba mal con el primer borrador de la LTH, como puede verse.
Ese mismo día eran presentados ante el Parlamento
Vasco como proyectos de Ley los primeros Presupuestos Generales del
Gobierno Vasco y también la LTH. Inmediatamente tomaron partido los
grupos parlamentarios: la derecha lo criticaba por su escaso respeto a la
foralidad arcaizante (UCD y AP), mientras que contaba con el apoyo de la
izquierda (PCE, PSE y EE).
También Guevara iba a entrar pronto en público y
explícito desacuerdo con ambos proyectos. En enero de 1982 ya dijo que no
podía compartir el modo en que se habían elaborado los Presupuestos del
Gobierno Vasco. «Se pretende —dijo— reducir a las
Diputaciones a meras recaudadoras de impuestos». Creía que había
una interpretación inadecuada de los artículos 37 (Territorios
Históricos) y 42 (Aportaciones de las Diputaciones a la Hacienda común)
del Estatuto, y una filosofía anti-foral. Las Aportaciones exigidas
unilateralmente para 1982, dijo, podían suponer una grave limitación en
el gasto de las Diputaciones Forales. Y añadía que esperaba la
información completa, pues el esquema foral y del Concierto no estaba
recogido en los Presupuestos. Pero antes de salir a la escena había
logrado el apoyo de su Diputación. El 8 de junio de 1981, todos los
diputados alaveses, de diferentes partidos, como se sabe, a excepción de
Felix Ormazábal (PNV), aprobaban una moción sobre la LTH que
reivindicaba el respeto a las peculiaridades alavesas. Las relaciones
deben basarse, decía la moción, en: 1.- el respeto a la personalidad
histórica de los Territorios, según los artículos 3, 25, 37, 41, 42 y
Disposición Adicional del Estatuto; 2.- los Territorios, y sus derechos y
facultades están representados por la Diputación y las Juntas Generales;
3.- por tradición y por derecho, tanto la Hacienda como el Concierto, han
sido propios del Territorio (la Provincia). Esperaban que el Parlamento
tuviera en cuenta todo ello. En pocos días, el ABB, tras estudiar las
divergencias entre Emilio Guevara y Gobierno Vasco, salía en defensa de
su Diputado.
Por aquellos días se había elaborado la LOAPA (la
conocida Ley de igualación autonómica) promovida por UCD y respaldada
por el PSOE. El 5 de octubre se constituía el Frente anti-LOAPA (PNV, EE,
PSA, PCE, Esquerra Republicana, CiU y PSUC). No eran buenos tiempos para
las armonizaciones. Ni siquiera en el interior de la CAPV. José María
Makua, Diputado General de Vizcaya, salía al paso para defender a
Guevara: estima que Alava, en razón de su función foral ininterrumpida,
estaba en posesión de competencias que no tenían ni Vizcaya ni
Guipúzcoa, por lo que requería de mayor dotación presupuestaria. Por su
parte Guevara no asumía una imputación en los Presupuestos del Gobierno
Vasco para Alava del 13,05%, siendo el índice de la renta interior del
12,91%. creía que el índice debía reajustarse al de 1981 (12,26%), y
aún así, aseguraba, se financiaba a las otras provincias.
En un informe interno de junio de 1981, Guevara
sostenía que el proyecto de LTH «no sirv[ía], ha[ía] que
modificarlo» totalmente. La LTH invadía competencias de los
Territorios y alteraba el sistema de Concierto.
«Suprime la libre disponibilidad de las Diputaciones
Forales —decía— de los rendimientos patrimoniales y de los ingresos
de toda Diputación Provincial en Territorio Común». «Las
Diputaciones se convierten en Delegaciones de Hacienda», y es
«particularmente grave en Alava» debido a los gastos ya adquiridos en
gasto corriente. «El proyecto nos lleva a una situación injusta y
representaría un enorme error político si de verdad queremos avanzar
en la realización de un proyecto político nacional». Hay que partir
de una «verdadera autonomía interna».
El febrero de 1982 amenazó con dimitir si no se
atendían sus exigencias. Vistas las dimensiones que tomaba el conflicto,
el EBB y Arzalluz tomaron cartas en el asunto. Por su parte, Guevara
forzaba la celebración de la Asamblea Regional del PNV del que saldría
reforzado.
Las cosas le iban mal al PNV en el Parlamento Vasco,
donde Guevara era portavoz del partido. Sólo los votos de EE impidieron
la devolución de los Presupuestos al Gobierno. Por su parte, Guevara
comenzaba a recibir apoyos de la Cámara de Comercio de Alava, del
portavoz socialista en las Juntas Generales, quien consideraba que el
Gobierno Vasco, la Diputación de Vizcaya y el EBB marginaban a Alava, o
de Txus Viana, portavoz del grupo parlamentario de CDS. El 9 de marzo la
Diputación multipartidista (PNV, PSE, UCD) delegaba por unanimidad en su
Diputado General la negociación de la LTH. El 27 era suspendido el Pleno
del Parlamento sin acuerdo entre el Gobierno y la Diputación de Alava. El
30 los periódicos recogían en primera plana «El Gobierno Vasco
forzado a aceptar los planteamientos de Emilio Guevara». Y
ciertamente, así fue.
La oposición bloqueó aún un tiempo las enmiendas del
acuerdo Gobierno/Guevara, pero el Diputado alavés (liberado desde las
elecciones municipales y forales de mayo de sus responsabilidades de
Diputado General) se mostraría inflexible. Al fin, con el concurso de
Garaikoetxea y los votos del PNV y el CDS, la Ley salía adelante como
L.27/1983 de 25 de noviembre. El Gobierno admitió que la foralidad de
Alava empujo la nueva LTH. La consideró un factor determinante. Sin
embargo, hacia fuera se justificaba aún con la idea de que una Euskadi
confederal facilitaba la incorporación de Navarra. Navarra nunca se
incorporó ni lo intentó. Pero era cierto que con la última formulación
de la LTH, Euskadi adquiría una estructura confederal.
Era el modo concreto en que foralismo y nacionalismo
convergían. Con ello la tradición constitucional se enriquecía, pero
con un claro avance de los usos y la negociación historicistas frente al
constitucionalismo normativo. La democracia, por su parte, se resentía
con la proliferación de organismos ejecutivos confederales (como el
Consejo Vasco de Finanzas) sin apenas control parlamentario; pues, si el
ejecutivo se multiplicaba en variados lazos confederales
("interinstitucionales"), no ocurría otro tanto con los
legislativos, dispersos en cuatro cámaras inconexas: un Parlamento y tres
Juntas Generales. Mientras, las Diputaciones suplantaban a los
parlamentarios de cada provincia (con una distribución paritaria de
inspiración ya confederal, por cierto) en su representación provincial
frente a los órganos comunes. Y más en concreto, la toma de decisiones
se hacía en el Consejo Vasco de Finanzas (Diputaciones y Gobierno),
hurtando al Parlamento la posibilidad del debate para limitarse a la
ratificación o rechazo de las Aportaciones de cada Territorio; se acababa
con la técnica armonizadora para las actuaciones de las distintas
administraciones, presentes en el primer proyecto; desaparecían las
facultades impugnadores del Gobierno ante Comisiones Arbitrales sobre
decisiones de los órganos forales; se adoptaba un singular sistema
hacendístico por el que las instituciones inferiores eran las que
financiaban las entidades centrales (hasta en un 92%); las Aportaciones
seguirían un sistema similar al del Cupo del Concierto; y como en él el
listado de gastos de la administración central se hallaba sujeta a
negociación en cada renovación de la Ley de Aportaciones; cada
Territorio aumentaba las competencias exclusivas y se reconocía con ello
a las Juntas capacidad normativa (las Normas Forales, NF), más allá de
la reglamentaria, una verdadera capacidad legislativa. En definitiva, de
la convergencia entre nacionalismo y fuerismo, salía claramente
fortalecido este último.
Juan Mª Ollora, nuevo Diputado General alavés desde
mayo, hacía un balance de urgencia el día 29 de noviembre. Dado que
existen competencias exclusivas, se trasladaran cien funcionarios del
Gobierno Vasco a la Diputación con las correspondientes competencias.
Estimaba que de este modo se fortalecía la Diputación. Se
institucionaliza las competencias de la Diputación en materia de
hacienda, carreteras, urbanismo y policía foral. Además, se lograban
nuevas responsabilidades en agricultura, cultura y ordenación del
territorio. En el Título I atribuían en exclusiva a las Diputaciones las
Normas sobre el sistema electoral municipal, demarcaciones, instituciones
supramunicipales. Por último, Alava conservaba su derecho a elaborar sus
propios Presupuestos y a establecer su Plan de Foral de Obras y Servicios.
Y tenía razones para estar satisfecho.
La izquierda, más cercana a un constitucionalismo
normativo y partidaria de unas instituciones centrales fuertes por
racionalidad y limpieza democrática, se mostró muy crítica con la nueva
LTH, como ocurrió en el debate político de las Juntas en diciembre de
aquel año cuando negaron carácter ejecutivo a la Diputación y normativo
a las Juntas. Sin embargo, la realidad del entramado provincial (con el
que gobernarían desde 1987) se impondría.
Por su parte, Garaikoetxea, cuya posición había
quedado seriamente comprometida y que con los llamados "acuerdos de
Zarauz" (internos del PNV, de 7 de enero de 1984) pretendía vincular
su reelección como lehendakari con una línea respetuosa con las
capacidades coordinadoras y de iniciativa del Gobierno, vio cómo se le
negaba en la práctica aquel propósito desde las reforzadas Diputaciones
Forales (con el Diputado General de Vizcaya, J.M. Makua, negociando
directamente en Madrid la Ley de Bases de Régimen Local, con el apoyo de
Sodupe y el asentimiento del EBB) dimitía el 19 de diciembre de aquel
año.
Con ello se abría un nuevo ciclo político en el País
Vasco y específicamente en Alava, con José Antonio Ardanza de lehendakari,
el nacionalismo democrático dividido en dos formaciones, y los
socialistas negociando primero un pacto de legislatura con el PNV y luego
acuerdos de gobierno, que afectarían a la Diputación alavesa.
4.- Un sistema de corte parlamentario. Los nuevos retos
y la definitiva configuración institucional
En el balance de un año que las Juntas hacían en
diciembre de 1984, la oposición alaba el nuevo papel político de las
Juntas Generales pero critica duramente a la Diputación. El acuerdo
PNV-PSE había permitido gobernar a Ollora. Sin embargo, el PSE era muy
crítico en los temas de Ordenación del Territorio, Agricultura, Sanidad
y Cultura. Para Patxi Ormazábal, Presidente de la cámara, las Juntas
Generales «ya no son algo folklórico, sino una auténtica asamblea
provincial». Este era un cambio fundamental.
A partir de ese momento se trató de regular la
relación institucional Diputación/Juntas Generales. La NF 22/1987 de 21
de diciembre modificaba algunos artículos del Reglamento de
Funcionamiento de las Juntas Generales (20 diciembre 1984). A través de
la NF 6/1986 de 25 de marzo se reguló la iniciativa de NF popular.
Igualmente se regularon los sistemas para la Moción de Censura.
Las Juntas necesitaban, además, crecer para ejercer su
limitada pero importante función legislativa y de control de la
Diputación. Pero lo haría muy lentamente. Aún en 1995, la Secretaría
de Juntas Generales reclamaba más personal por «acumulación de
trabajo» (sólo había 11 empleados de la Cámara). Sólo en diciembre de
1996 se inaugurarían las nuevas oficinas. Durante mucho tiempo aún, las
Juntas Generales serían subsidiarias de la Diputación.
Sin embargo, la imagen social de las Juntas Generales
como cámaras representativas y normativas (y no meros departamentos
administrativos de las instituciones centrales) se acabó de materializar.
E incluso, en un mundo de soberanías compartidas y limitadas, reprodujo
una nueva imagen de cuasi-estado provincial. En el debate de política de
Santa Catalina de 1996, ya se hablaba del debate del Estado de la
Provincia. Ya se había dotado de una normativa institucional básica. E
incluso en 1992 hizo la reforma de su "estatuto" con la NF
52/1992, de 18 de diciembre.
4.1.- Las Juntas y el sistema de partidos
Hablar del sistema de partidos que se fue configurando
en Alava en torno a las Juntas Generales, desde el asalto nacionalista a
las instituciones locales alavesas en 1983 (ya en las municipales de 1979)
al relevo por el PP en 1999, pasando por las coaliciones, la primera
presidida por el socialista Buesa, desde 1987, excede los propósitos de
este capítulo. Basten para ello el Cuadro III, y los Gráficos
VI y VII, con las notas que les acompañan.
En general, el relevo que se había dado en la clase
política con la Transición, fue más radical en los órganos forales que
en los municipales de Vitoria. La Diputación se renovó por completo y
las Juntas se crearon ex novo. La nueva élite procedente de la
"Vitoria moral" (aquí habría que hablar de Alava) se
incorporó plenamente a las tareas forales (Guevara, Ollora, Buesa, López
de Juan-Abad). Sin embargo, luego fue más impermeable al acceso de la
"Vitoria real" que lo que fuera el Ayuntamiento. Aunque ya en
los noventa se había dado esa nueva incorporación de élites
profesionales y cuadros técnicos.
En efecto, como dijo algún periódico de la época, «el
8-M [de 1983] viste a Alava de nacionalista». Ese fue el año en que
el PNV ganó en todos los frentes. Ganó en los grandes y pequeños
municipios, y ganó con amplitud en las elecciones a Juntas Generales. En
Juntas, y gracias a la ausencia de HB, estaba a un punto de la mayoría
absoluta. Cierto que la división en distritos por Cuadrillas favorecía
al PNV, con un voto más homogéneamente repartido por toda la provincia,
por lo que le "costaba" menos un juntero que al resto de
partidos (ver Gráfico VI), pero también es cierto que obtuvo sus
mejores resultados electorales (ver Cuadro IV; si bien, si
uniéramos PNV y EA, estos serían los de 1987).
CUADRO III
NÚMERO DE ESCAÑOS POR PARTIDO EN JUNTAS GENERALES
|
|
1979 |
1983 |
1987 |
1991 |
1995 |
1999 |
|
PNV |
26 |
23 |
10 |
14 |
15 |
16 |
|
PSE |
7 |
14 |
11 |
11 |
7 |
9 |
|
PP(…) |
14 |
9 |
7 |
3 |
9 |
16 |
|
HB |
|
4 |
8 |
7 |
4 |
6 |
|
EA |
|
|
12 |
3 |
4 |
|
|
EE |
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1 |
3 |
2 |
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IU(PC) |
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3 |
2 |
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UA |
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11 |
9 |
2 |
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Otros |
10 |
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GRAFICO VI
[y su relación con los votos]
El gobierno de 1983 fue el peneuvista monocolor de Juan
Mª Ollora. Un gobierno de gestión económica eficaz (aunque
reiteradamente acusado en Juntas por irregularidades), definido por su
Diputado General como socialdemócrata, fuerista y "guevarista"
(tal era el prestigio del ex-Diputado tras su triunfo en la LTH). Tuvo
dificultades para aprobar su gestión en las Juntas Generales debido a que
la oposición unida contaba con mayoría absoluta (24; siempre descontando
HB). Ya en diciembre debía retirar la NF sobre Organización
Institucional (la oposición pretendía aún una Diputación sinodial, no
presidencialista, con representantes de todos los partidos) e ir
paradójicamente enmendando el propuesto por la oposición. Y en marzo de
1986 estuvo a punto de perder una Moción de Censura presentada por 27
procuradores contra los Tenientes de Diputado General, José Mª
Guerenabarrena y Alberto Ansola, y los Diputados Domingo Ruiz de Azúa,
Rafael de Miguel y Edorta Gancedo, y de la que le salvaron los pactos ya
firmados en Euskadi con los socialistas (la votación fue de 17 a favor de
la Moción; 17 contra, y 9 en blanco).
Si el PNV atravesaba por una crisis grave (que le
llevaría a la escisión de 1986), el PSE en Alava pasó también por la
suya. En junio de 1983, unas negociaciones mal conducidas, forzaron al
sector "guerrista" de Angel Gavilán a convocar nuevas
elecciones a la Ejecutiva, a la que entraron con fuerza los anteriormente
derrotados Fernando Buesa, Javier Rojo y Luis Alberto Aguiriano, quienes
conducirían el PSE en lo sucesivo.
GRAFICO VII
[Gráfico de las Elecciones a Juntas Generales en
Alava, 1983-1999]
Las elecciones de junio de 1987 fueron los comicios a
Juntas Generales más concurridos hasta la fecha de hoy, con un 68,25% de
participación. En Alava fueron ganadas por Eusko Alkartasuna (EA), el
partido de Garaikoetxea, gracias al "tirón Cuerda" en Vitoria.
EA se hizo con el gobierno de la capital, pero en las Juntas se impuso el
pacto PNV-PSE, que ya funcionaba para el Gobierno Vasco. Desde entonces
hasta 1999 ha sido el eje de la coalición que ha gobernado la provincia.
En 1987 entró a presidirla como Diputado General el
socialista Fernando Buesa, asesinado por ETA en 2000. Fue el primer
político no nacionalista (desde Ramón Rubial en el CGPV) que presidió
una ejecutivo supramunicipal en el País Vasco desde que en 1977 se
instauró la democracia. Luego lo ha hecho Ramón Rabanera, Diputado
General desde julio de 1999.
Los gobiernos de coalición (a los que se incorporó EA
en 1991) fueron continuistas, con diferencias de matiz que no viene al
caso analizar ahora (esencialmente en la política de exenciones fiscales
a las empresas y la armonización con la legislación general). Han sido
los ejecutivos que han consolidado el entramado provincial como sistema
parlamentario completo, y desarrollado sus competencias hasta darle ese
tono de cuasi-estado del que se ha hablado antes. Han sido, también, los
que mayores realizaciones han ejecutado. Sin embargo, sólo en la
legislatura de 1999 la Juntas Generales han adquirido el verdadero
protagonismo como entidad representativa y parlamento provincial (aunque
ya en 1991, con la entrada de la foralista UA, se produjo un repunte).
Probablemente por la situación de minoría mayoritaria con que gobierna
el PP, y porque, por primera vez, van a tener que hacerse unos
Presupuestos negociados en Junta con la oposición tras ser rechazados los
presentados por el ejecutivo para el 2000.
Las relaciones del tripartito comenzaron a deteriorarse
en abril de 1997, cuando el PSE se desmarcaba de sus socios de gobierno en
la aprobación del Plan Foral de Obras y Servicios absteniéndose.
Consideraban que Ormazábal no lograba un consenso suficiente en el
ejecutivo y permitía una excesiva injerencia del ABB en la Diputación.
La situación se agravó cuando el PSE se abstuvo en el Parlamento Vasco y
en las Juntas Generales de Alava (en Guipúzcoa y Vizcaya votó a favor)
sobre la Ley de Cupo y Concierto. Finalmente, entre acusaciones mutuas,
José Angel Cuerda prescindió de los concejales socialistas de Vitoria en
agosto de 1997. El tripartito quedó roto en septiembre, al salir los
socialistas de la Diputación. Desde entonces (Mª Jesús Aguirre —PNV—sustituía
a Jesús Loza en Bienestar y Fernández de Quincoces —EA— a Julio
Herrero en Urbanismo), la Diputación gobernó en minoría, con el apoyo
exterior del PP (en la Reforma del IRPF y el desarrollo del Concierto).
La situación cambió bastante en 1999 (ya se observaba
el cambio desde al menos las autonómicas de 1998). La población se
polarizó con la inflexión estratégica del PNV y su adscripción a la
coalición de Lizarra (a pesar del alejamiento de ese planteamiento que
mostró el nacionalismo alavés). Se votó antes en aquella clave que en
otras de interés provincial o municipal. El PP obtuvo una mayoría
radicalmente minoritaria con la que se constituyó en julio una
Diputación monocolor del PP (que aspira a establecer un "modelo de
gobierno" en Alava, trasladable a Euskadi), mientras el PSE asumía
la presidencia de la Juntas Generales.
Fueron años duros, decisivos, en la actividad
terrorista y en la lucha contra ella. La Diputación Foral y las Juntas
Generales condenaron con un fuerte compromiso el secuestro por ETA de
Ortega Lara y el asesinato del concejal M.A. Blanco el 12 de julio de
1997. La población alavesa (como toda la vasca) salió a la calle en
masa, en una especie de "revuelta de terciopelo". Sin embargo,
no se ha sabido, hasta hoy, liderar aquel movimiento.
4.2.- Nuevos retos y definitiva configuración
institucional
Finalmente, constituido el entramado provincial como
cuerpo parlamentario/foral y el ámbito comunitario de la CAPV como red
confederal, quedaba prolongar hacia abajo aquella red y dotarla de
contenido. Esto, que se vino haciendo desde los primeros ochenta, ha
adquirido plena carta de naturaleza en los noventa.
Si la foralidad "invadió" el espacio de la
Comunidad, el artículo 46 de la Ley de Concierto de 1981 (12/1981) abría
plenamente las puertas a otra "invasión", ahora hacia abajo,
hacia el ámbito municipal sobre el desde el XIX creció la foralidad. El
artículo establece que los Fondos Nacionales para la Financiación de las
Corporaciones Locales
«quedarán íntegramente a disposición de las
Diputaciones Forales, que distribuirán las cantidades correspondientes,
de acuerdo con los criterios que estimen convenientes, entre las
Corporaciones Locales de sus respectivos Territorios Históricos».
Con lo cual no formaban parte del Cupo. Pero, para lo
que aquí interesa, a las tradicionales funciones de supervisión y
actualización de los balances de las haciendas municipales, a partir de
ese momento las Diputaciones asumían la labor de dotarlas de medios.
En las Juntas Generales de 12 de febrero de 1982 se
creaba, a propuesta del Diputado de Hacienda, Juan Mª Ollora, un Fondo
Foral de Financiación Municipal (FOFIM). Se aprobó por unanimidad
puestos en pie, con el entusiasmo propio de aquellos tiempos
fundacionales. Los criterios para el reparto que se establecían eran
tres: 1.- El del número de habitantes; 2.- Crecimiento del gasto en
concentraciones de población: incremento del 30%; y 3.- Nivel de
contribución del municipio a la Hacienda Provincial (en años sucesivos
se irán cambiando ligeramente estos criterios). En 1997, el Fondo que
estaba dotado con 13.802 millones, entregaba 10.682 son para
Vitoria-Gasteiz.
La Diputación fue generosa en la financiación
municipal, y en 1995 los ayuntamientos alaveses adeudaban a la Diputación
1.000 millones de pesetas. En 1995 creó el FOFEL (Fondo de Financiación
para Entidades Locales), con el excedente de presupuesto del año anterior
y una fórmula similar al FOFIM. El resultado es que los municipios
alaveses dependen en más del 90% de sus presupuestos de las entregas del
FOFIM de la Diputación Foral.
Para regular aquello, y a imagen del Consejo Vasco de
Finanzas las Juntas Generales creaban en 1996 el Consejo Territorial de
Finanzas (7 representantes de la Diputación y 7 representantes de los
Ayuntamientos pertenecientes a EUDEL), de carácter inicialmente
deliberativo, pero que irá adquiriendo un peso progresivo en los
equilibrios provinciales. En 2000 se debate una presencia directa de los
ayuntamientos en el Consejo Vasco de Finanzas.
Por su parte, la propia Diputación interviene
directamente en los planes municipales a través del Plan Foral de Obras y
Servicios.
Desde la Juntas Generales se reguló, además, el
Régimen Local. En 1989 (NF 62/1989) se establece el Procedimiento de
Constitución, Régimen Jurídico y Funcionamiento de las Hermandades de
Servicios de Municipios y Concejos con la posibilidad de crear
Mancomunidades y Hermandades entre entidades locales. En 1995 se regularon
el Régimen de los de Concejos (NF 11/1995 de 20 de marzo).
Tras la regulación quinquenal de las Aportaciones (que
éstas sí fueron creciendo a favor del Gobierno Vasco hasta su
estabilización actual en el 65% del total recaudado; ver Gráfico VIII)
a través del Consejo Vasco de Finanzas y las Leyes de Aportaciones (la
última de 1997-2001; coincidente con la Ley de Concierto que hizo
manifestar a Ardanza que con él se puede hablar del 16º Estado de la
Unión), un sistema que puede primar la baja recaudación gracias al Fondo
de Compensación y es fuente de tensiones entre las propias Provincias (en
1997, Guipúzcoa y Alava solicitaron una auditoría a Vizcaya; en 1999,
Alava requiere una auditoría externa a las otras Provincias) en el que el
Gobierno hace de poder arbitral, se ha ido tejiendo una tupida red de
acuerdos interinstitucionales que cumplen las funciones de un ejecutivo
confederal no sometido a un control parlamentario si no es el de la
ratificación.
GRAFICO VIII
| |
"Vizcaya" |
"Alava" |
"Guipúzcoa" |
"Total Aportado" |
"Total Recaudado" |
"Aport./Rec." |
|
"1985" |
54.295 |
14.261 |
33.310 |
101.866 |
246.154 |
41,38% |
|
"1986" |
68.141 |
18.118 |
41.874 |
128.133 |
305.705 |
41,91% |
|
"1987" |
87.361 |
23.667 |
54.710 |
165.738 |
379.346 |
43,69% |
|
"1988" |
113.112 |
31.074 |
71.306 |
215.492 |
438.172 |
49,18% |
|
"1989" |
150.955 |
42.437 |
96.492 |
289.884 |
502.999 |
57,63% |
|
"1990" |
165.006 |
47.135 |
105.055 |
317.196 |
561.171 |
56,52% |
|
"1991" |
191.599 |
55.585 |
121.417 |
368.601 |
625.863 |
58,89% |
|
"1992" |
239.741 |
68.185 |
144.833 |
452.759 |
671.996 |
67,38% |
|
"1993" |
237.711 |
68.344 |
143.579 |
449.634 |
686.399 |
65,51% |
|
"1994" |
256.164 |
75.518 |
157.741 |
489.423 |
679.581 |
72,02% |
|
"1995" |
267.011 |
75.466 |
162.651 |
505.128 |
727.635 |
69,42% |
[Gráfico de las Aportaciones de las Diputaciones en
relación con lo recaudado, 1985-1995]
Tal vez el más importante de ellos sea el que vinculó
en 1996 al Gobierno y a las Diputaciones en una política coordinada de
incentivos fiscales a la inversión a través del impuesto de sociedades y
las llamadas "vacaciones fiscales" (tema, como se sabe,
controvertido, recurrido en Bruselas). Ese mismo año se firmó el Plan
Interinstitucional de Infraestructuras en el marco de las Directrices de
Ordenación Territorial de Euskadi (la DOT). En 1996 se inauguraba la
autovía de N-1 hasta Navarra. Al año siguiente el túnel de las Conchas
que abría la Llanada a la Rioja, la recuperación de la titularidad de la
A-68, inversiones en el Urbina/Málzaga.
Y como este, otros convenios interinstitucionales, como
el de empleo para 2000-2003, etc.
Por su parte, la Diputación llevaba una activa
política de inversiones, diseño de planes estratégicos (Plan Alava
2000) y planes directores, creación de promotoras públicas para la
inversión industrial o la atracción de negocios (VIA, promotora pública
de Foronda, PRINIA, Agencia de Desarrollo de Alava), creación del Parque
Tecnológico de Miñano e impulso de los polígonos de Júndiz, zona de
Foronda, eje Salvatierra/Vitoria, compra de suelo en Salvatierra,
Nanclares de la Oca, Amurrio, Alegría, Murga, Araya, etc., que ha hecho
que el crecimiento empresarial en el País Vasco se esté concentrando en
Alava.
Promoción del Campus de Alava de la UPV-EHU,
aprobación de la NF sobre el Uso del Euskera, la comprometida
construcción de un Museo de Arte Contemporáneo muestran a unas entidades
forales perfectamente asentadas y decisivas para el desarrollo de la zona.
* * *
En definitiva, una profunda transformación que ha conducido a una
peculiar combinatoria entre las tradiciones forales
(constitucionalizándolas) con las culturas constitucional (acentuando los
elementos de uso y negociación sobre los normativos, y dando a la
comunidad una estructura confederal) y democrática (sobreponiendo al
ejecutivo sobre el legislativo), y con la corriente del nacionalismo
(haciéndolo más foral). Una transformación y una inserción sólo
posible en una sociedad plenamente renovada y abierta a su entorno como es
la alavesa de finales de siglo.
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