



En el campo de la Arquitectura y las Artes, como en otros terrenos, el siglo XIX es un siglo complicado y un tanto esquizofrénico. Nace viejo. Estrechos lazos le impiden desasirse del pasado, y se aferra a la seguridad que le presta un inmovilismo irreductible sostenido por fórmulas consagradas que parten de las instituciones académicas. Rejuvenece. La idea de progreso es una constante de su actividad intelectual, y de su práctica, que le impulsa hacia el futuro por diferentes caminos, muchos de los cuales alcanzarán sus mejores logros en el siglo XX.
La Arquitectura y el Urbanismo, con sus afluentes, son las disciplinas que mejor se prestan a polémicas, ensayos, conservadurismos e innovaciones. Académicos, politécnicos. Los dos grupos suscitan en la sociedad acendradas pasiones entre partidarios y detractores a las que se suman las posiciones adoptadas por el Estado, los organismos de gobierno de las ciudades y los promotores privados.
En Europa, ninguna de las grandes capitales, ninguna de las grandes ciudades, permanece ajena al progreso. En su trama, en constante transformación, se van gestando nuevos modos de construir que se combinan con los más tradicionales: clasicismo, clasicismo romántico, romanticismo. 0 más bien debiéramos pluralizarlos: clasicismos, clasicismos románticos, romanticismos. En todo caso, y como rasgo más relevante, corrientes arquitectónicas de evidente internacionalidad.
En la segunda mitad del siglo XIX, la orientación que se proyecta sobre la arquitectura occidental está determinada por un movimiento en cuyas raíces se encuentran planteamientos ideológicos del siglo XIX de profundo calado, como la total confianza en el progreso científico y técnico y la imperiosa necesidad de satisfacer las urgentes demandas de la nueva burguesía industrial. Este movimiento es el que se conoce con el nombre de Eclecticismo.
Los elementos que componen el vocabulario arquitectónico reciben un tratamiento mucho más libre, y se contraponen a la rigidez de los modelos académicos. Esto se hace de diferentes maneras. Unas veces, desmontando el modelo y volviéndolo a armar bajo el punto de vista de una nueva funcionalidad; otras veces, sugiriendo motivos externos proporcionados por las investigaciones y prospecciones arqueológicas o por las artes practicadas fuera de los límites de Europa.
No fue un momento fácil, sobre todo para los arquitectos más jóvenes. Sus esfuerzos estaban dirigidos al empleo de prototipos antiguos con la libertad que requerían las necesidades modernas, y resultaba difícil reconciliar la honestidad arqueológica con las necesidades y costumbres de su contemporaneidad.
Buscando una solución de compromiso, relegando el clasicismo más estricto por su agobiante ortodoxia, pero sin renunciar a sus propios gustos orientados hacia una arquitectura filo-helénica o filo-romana, muchos arquitectos dieron con el revival renacentista y en él encontraron la flexibilidad necesaria para desarrollar los nuevos programas constructivos. El neorrenacimiento se hizo muy popular en la arquitectura doméstica urbana a través de residencias privadas.
Así pues, el eclecticismo constituyó una corriente universalista que predominó en la segunda mitad del siglo XIX. En sí mismo, el término precisa de matizaciones, ya que ha sido utilizado indiscriminadamente. Para muchos, ecléctico era sinónimo de indiferente; es decir, que tanto daba la utilización de uno u otro estilo histórico, puesto que, sacado de contexto, no podía plasmarse en toda su pureza. Para otros, en especial para los franceses, el eclecticismo significaba "un sistema de pensamiento constituido por puntos de vista de diversos tomados de otros varios sistemas".1 Los eclécticos defendían la postura de que nadie debía aceptar la validez de un único sistema, negando la de los demás. Este es el significado y la actitud correctos.
Los teóricos de la arquitectura franceses, a través de sus numerosas publicaciones, dieron a conocer las obras arquitectónicas del momento que se corresponden con el Eclecticismo en Francia: la etapa del Segundo Imperio con la subida al trono de Napoleón III, en 1852, hasta su derrocamiento en 1870. Se aprecia que la mayor parte de las casas que se construyen por entonces en París tienden a la moderación en su aspecto general y que, en cuanto a sus detalles ornamentales, procuran atenerse lo más fielmente posible a un neorrenacimiento. Uno de estos teóricos, Cesar Daly, director de la publicación "Revue de l'architecture", y autor de "L'Architecture privée au XIXe siècle... sous Napoleon III; nouvelles maisons de Paris et des environs" (Paris, 1864), pensaba que el Eclecticismo, aunque no crease un arte nuevo, podría constituir un puente entre los historicismos y una arquitectura del futuro. "Tanto los arquitectos como la sociedad en general caminan hacia el futuro cargados con una masa confusa de elementos que han tomado prestados de todas las sociedades anteriores. La confusión que habría resultado de una amalgama ecléctica de todos los "estilos' estaba viciada en sí misma; pero era una de las condiciones necesarias para el progreso de la arquitectura. En todos y cada uno de los edificios bien proyectados de la época se debían combinar elementos diferentes y esencialmente modernos con fragmentos del pasado, para ejercer una acción saludable, que se haría más evidente cada día"'.2
Los arquitectos extranjeros, desconocedores del pasado arquitectónico francés, y por lo tanto desinhibidos, accedieron a las publicaciones de los franceses y dedujeron que existía un Segundo Imperio mucho más valiente que el generalmente utilizado, y se hicieron con él. A esta internacionalización del estilo contribuyó el prestigio de la arquitectura francesa.
De esta manera llegamos a la cuestión que nos ocupa : las casas que son sede en Vitoria-Gasteiz de las Juntas Generales de Álava y que corresponden a los números 32 y 34 de la Calle del Prado. En mi opinión los dos edificios responden a los planteamientos eclécticos que, basándose en las influencias francesas, se dan fuera de Francia en la segunda mitad del siglo XIX, y son dos claros exponentes de arquitectura doméstica urbana.
Veamos el apoyo documental con que contamos.
El 28 de enero de 1868 se presenta en el Ayuntamiento de Vitoria el siguiente documento:
"Don Pedro Ortiz de Zárate, vecino de esta ciudad, a usted respetuosamente expone : Que tratando de edificar una casa con jardín al final de la calle del Prado, acompaña adjunto el plano referente a la misma, y ruega a usted se digne aprobarlo yfijar las líneas a que ha de atenerse en la construcción tanto a la parte de dicha calle como a la del juego de pelota..."
Se incluye plano de la fachada, continuada por el cierre de tapia, fechados y firmados por el arquitecto Martín Saracíbar. La fecha se corresponde con la del escrito enviado al Ayuntamiento; el dibujo de la fachada se corresponde con la casa señalada con el número 34 actualmente.3
Unos meses más tarde, exactamente el 23 de junio del mismo año, Don Pedro Ortiz de Zárate remite un segundo escrito en el que expone
" que para cerrar el jardín de la casa que está construyendo al final de la calle del Prado por la línea del juego de pelota acompaña adjunto el plano de la tapia de cerramiento...".4
Para el año de 1868, la trayectoria profesional del arquitecto vitoriano Martín Saracíbar (1804-1891) estaba firmemente establecida. Una vez finalizados sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, recibe su título en 1829. El carácter académico, rigurosamente convencional, propio de un Neoclasicismo tardío, se refleja en sus encargos oficiales, para diluirse y aliviarse con un eclecticismo decorativista, entre francés e italianizante, en los encargos de particulares.
La primera línea de actuación del arquitecto se pone de manifiesto en dos edificios públicos de Vitoria, destinados a funciones bien distantes: el Palacio de la Diputación Foral de Álava y la Nueva Cárcel. El Palacio5 se levantó en dos etapas diferentes separadas por la guerra carlista. Una en 1833, construyéndose la planta inferior. La otra, en 1858, añadiéndose la planta superior. La sobriedad neoclásica queda desplazada por la ornamentación de los frontones sobre los balcones. La cárcel, ya desaparecida, no era edificio que se prestara a decoraciones. En 1850, Saracíbar presentó el proyecto. Una vez terminada, lo más estimable resultó el cuerpo central, de tres plantas, cuya planta noble se subrayaba en fachada por los frontones rectos y totalmente limpios sobre los balcones. La actividad académica de Saracíbar no se limitó a la provincia de Álava. Parecido compromiso se aprecia en sus trabajos de la Plaza Nueva y del Ayuntamiento de Tafalla, realizados entre 1856 y 1866, y entroncados con las mismas obras que Justo Antonio de Olaguíbel hizo en su momento para Vitoria.
La segunda línea, la referente a los encargos privados, es la que nos ocupa aquí y ahora.
Así, la casa número 34 responde a su finalidad de residencia particular. Queda en línea a uno de los lados de la "hermosa calle titulada del Prado"
que venía embelleciéndose y creciendo desde la década de 1820, a impulsos de la junta de Obras del Ayuntamiento, por medio de compras y permutas de terrenos, y a impulsos también de la iniciativa privada.6
Cerrada volumétricamente, sin concesiones a juegos de planta impropios a su destino de vivienda urbana, se caracteriza por su austeridad y moderación en cuanto a formas, dimensiones y distribución de elementos. Con una altura de dos plantas más ático, éste rompe la línea de cornisa y sobresale por encima de la cubierta en la fachada principal. Precisamente es sobre la fachada principal donde se pone el acento decorativo y donde se aprecia el equilibrio en el reparto de vacíos y llenos. Erigida sobre un zócalo, las dos plantas principales quedan separadas por una cornisa moldurada. Verticalmente, tres ejes de vanos se reparten la superficie, siendo el eje central el más significativo pues lleva en la planta baja portada de arco inserta en dintel de poco resalte; en la planta superior un amplio ventanaje se protege con mirador de madera cuya plataforma descansa sobre tres ménsulas de piedra. Finalmente, esta vertical queda rematada por el frente del ático, con una sola ventana, y desprovisto de adornos. Los dos ejes laterales llevan dos ventanas; más sencillas las inferiores con dinteles apenas resaltados, las superiores desarrollan una decoración de ménsulas, roleos y palmetas muy semejante a la que puede verse en el Palacio de la Diputación. La cornisa que remata la fachada se adorna con una banda con motivos geométricos, moldura y crestería. Finalmente, encuadrando la fachada en sus esquinas van dos pares de pilastras, almohadilladas las de la planta inferior, rehundidas y casi lisas las dos superiores.
En la actualidad, la fachada se conserva sin alteraciones apreciables; sin embargo, las tapias con sus correspondientes puertas hace tiempo que desaparecieron y, en su momento, cercaron el jardín de la casa por la calle del Prado y la del Juego de Pelota.
Pasaron doce años y, una vez más, Don Pedro Ortiz de Zárate se dirige a la corporación municipal:
"Don Pedro Ortiz de Zárate vecino de esta ciudad, a usted expone: Que trata de construir una casa en el solar sito en el número 36 y 40 de la calle del Prado la cual llevará la primera hilada e impostas y repisa de sillería y el resto será de mampostería recercada con cemento. Y a usted suplica se digne aprobar el adjunto plano, a cuyo favor quedará reconocido el exponente..." 7
La solicitud, firmada, está fechada en Vitoria el 29 de diciembre de 1880, y la futura casa es la misma que, actualmente, está señalada con el número 32, medianera con la descrita más arriba.
La Comisión de Obras del Ayuntamiento y el arquitecto municipal estudia la petición y la pasa al arquitecto municipal, el cual escribe un informe en estos términos:
"El arquitecto que suscribe ha examinado el plano de fachada que por duplicado presenta Don Pedro Ortiz de Zárate y con arreglo al cual solicita construir una casa de nueva planta en el terreno que existe entre las casas números 36 y 40 de la calle del Prado y no encuentra inconveniente en que se le autorice a realizar la obra siempre que cumpla con las prescripciones del bando de Policía Urbana, se sujete a la línea que se le señale, baje las aguas del tejado por canalones hasta el suelo, coloque la valla correspondiente y satisfaga la cantidad de veinte pesetas, importe del uno por ciento del valor de la fachada..."
Este visto bueno está fechado el 4 de enero de 1881.
La Comisión de Obras, de acuerdo con su arquitecto, se expresa de la siguiente manera:
"La Comisión de Obras conforme con el dictamen emitido por el arquitecto titular es de sentir que se autorice a Don Pedro Ortíz de Zárate a ejecutar la obra que solicita con arreglo al plano presentado siempre que cumpla con las prescripciones que marca dicho facultativo... " 8
El paso del tiempo ha contenido más, si cabe, las efusiones ornamentales de Martín Saracíbar. Así pues, si comparamos esta fachada con la de la casa vecina (la número 34), apreciamos que, pese a su mayor anchura, y dimensiones en general, los elementos decorativos han sido reducidos al máximo.
La fachada, se desarrolla en un plano marcadamente rectangular, compartimentado verticalmente por cuatro ejes de vanos. En altura, levanta sobre zócalo abierto hacia la calle por dos vanos que aloja el semisótano, dos plantas (planta baja de portal y planta noble), más un ático bajo cubierta y con iluminación a través de cuatro pequeñas ventanas.
Aunque se pone de manifiesto una unidad de concepto en el conjunto de la fachada, la existencia de un número par de ejes, la completa similitud de los vanos v su reparto, así como la presencia de dos portadas idénticas en la planta baja, nos hace suponer la posibilidad de dos viviendas en un único edificio. Efectivamente, las dos portadas de arco de medio punto se corresponden con los dos ejes centrales; más que por sus proporciones u ornamentación, por lo que dan prestancia al edificio, es por el número y por su idéntica apariencia. Insertas bajo dinteles adornados con placas rectangulares, llevan las roscas del arco y las enjutas ornamentadas con ligeros motivos geométricos. Las portadas gemelas se flanquean con dos ventanas abalconadas cuyos dinteles llevan una escueta decoración vegetal. En la planta superior, los dos balcones centrales y los dos miradores de los dos extremos reposan sobre plataformas con ménsulas. Las cajas de los miradores, tripartitas, y los dinteles de los balcones, proporcionan la consiguiente prestancia a la planta más importante del edificio.
No resulta difícil relacionar es casa con algunas de las viviendas que, hacia 1860, Viollet-le-Duc construyó en París. En concreto con la casa de pisos, señalada con el número 15 en la Rue Douai. Aunque, ésta, levanta dos plantas más.
Para finalizar, diremos que los ejemplos de arquitectura doméstica de Martín Saracíbar, aunque insuficientes, han bastado para subrayar el carácter de la calle del Prado. La línea de los números pares denota una homogeneidad de gusto, muy acorde con ciertos aspectos de la arquitectura francesa. Lástima que ese equilibrio haya sido interrumpido por construcciones posteriores. En todo caso, la aportación que los edificios de esta calle hacen a la arquitectura de la segunda mitad del siglo XIX es digno del más cuidadoso afán de supervivencia.
---------------------------------------------------------------------
1Peter COLLINS: "El conocimiento de los estilos. El Eclecticismo"; en "Historia de la Arquitectura. (Antología crítica)", de Luciano PATETTA, Madrid, 1997.P.358